El agridulce regreso de Calleja a La Rosaleda

Calleja da instrucciones en el Wanda Metropolitano. /Efe
Calleja da instrucciones en el Wanda Metropolitano. / Efe

«A los que queremos al Málaga y tenemos muchos amigos ahí nos duele verlo así», confiesa el entrenador del Villarreal

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Desde la distancia, desde China, Manuel Pellegrini y su grupo de trabajo siguen con especial interés su trabajo. Y desde Málaga son numerosos los amigos a los que no ha sorprendido su espectacular irrupción en Primera División. Pasado mañana Javi Calleja vuelve a La Rosaleda, por primera vez como entrenador, en una jornada agridulce para él. Su Villarreal tiene sello propio y aspira a todo, pero el otro equipo al que quiere, el Málaga, está hundido en el fondo de la tabla. «A todos los que queremos al Málaga y tenemos muchos amigos en el club nos duele ver así al equipo», confiesa.

«Lo tiene muy claro y cuando llegue arriba, que llegará pronto, será uno de los mejores». Su amigo Salva Ballesta lo pronosticó hace tres años, cuando vio al Villarreal de Javi Calleja en la Copa de Campeones de juveniles. La brillante labor del que fuera extremo izquierdo (incluso lateral) lo convirtió muy pronto en apuesta a corto plazo de Fernando Roig y su hijo, los responsables del club castellonense. Y así, casi sin pasar por el filial, dio el salto al primer equipo para reemplazar a Fran Escribá. Fue con todas las de la ley, con un respaldo absoluto, con la convicción de que llevaría su estilo propio a la élite. «Estoy contento porque, más allá de los resultados, este es un club que hace las cosas con mucha cabeza y eso siempre ayuda para todo», explica el madrileño a este periódico.

En el Villarreal apostó desde el principio por un centro del campo en rombo que recuerda mucho a un entrenador que lo marcó, Manuel Pellegrini (por eso este, Rubén Cousillas y José Cabello siguen su progresión). No obstante, en momentos puntuales y siempre en función del estado de los jugadores o de distintas bajas, Calleja ha introducido variantes en el sistema para emplear un 4-4-2 con dos medios centro y extremos a pierna cambiada, e incluso un 4-1-4-1 para emplear a Pablo como interior, y no tanto como medio punta.

El madrileño recuerda con cariño el gol al Sevilla Atlético, clave para el ascenso a Primera, y su última temporada en el club

Ahora regresa a Málaga, la provincia en la que veraneó tantos años cuando era niño, y el domingo ocupará el banquillo visitante, precisamente el mismo en el que se sentó como responsable del Mérida una persona que lo llamaba ‘Maradonita’. Era el mismísimo Juan Gómez ‘Juanito’, fascinado cuando lo veía jugar de pequeño en Fuengirola junto a su hijo Roberto. Calleja está desencantado por el rendimiento del Málaga y no lo disimula: «No es sensato opinar desde fuera y tampoco tengo argumentos para ello, pero desde la lejanía se le ve en una situación compleja. Siempre he deseado que se produjera esa reacción para que estuviera en una zona más tranquila de la clasificación, pero no ha llegado a producirse. Y me da pena verlo ahí abajo porque tengo muchos amigos dentro del club y también fuera. La afición de Málaga es maravillosa y siempre recuerdo cómo tiraba de nosotros cuando la cosa estaba complicada. Que ahora sufra tanto después de lo que vibramos con la Champions es muy triste».

'Embajador' del pescaíto

Calleja y su familia siempre han mantenido contacto con Málaga. Incluso, cuando estaba en Osasuna, se desplazó a Bilbao para acompañar a su amigo Esteban Prieto y a una delegación de Torremolinos como ‘embajador’ para promocionar el pescaíto frito. Como sucede con Juan Ramón Muñiz, su esposa y sus hijas también ansían volver aquí cada vez que surge la ocasión.

Resulta paradójico que ahora Calleja puede ser también verdugo del Málaga cuando él marcó un gol decisivo para el ascenso, en el campo del Sevilla Atlético. «Ese gol ha sido uno de los más importantes de mi carrera. Y también de los más bonitos. Nos vino bien para recuperar la confianza en el tramo final de la Liga y para ver de otro color lo que nos quedaba», recuerda. Claro que tampoco olvida su última temporada como malaguista, en la élite y con Antonio Tapia como entrenador. Tanto que afirma con rotundidad: «Ese fue de los pocos años en los que disfruté del fútbol. Y además hasta jugué de lateral, que nunca lo había hecho en mi vida. Aquella temporada nos divertimos todos y por supuesto los aficionados, que tanto habían sufrido los años anteriores».

Pero una cuestión son los sentimientos, y otra, la profesionalidad. El Villarreal llega a Málaga quinto y dispuesto a mantener o mejorar su renta de dos puntos sobre el Sevilla y de cuatro sobre el Girona y el Betis. Pero nadie le quitará a Javi Calleja la sensación de regreso agridulce a La Rosaleda.

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