Un balance desastroso

Un balance desastroso
Salvador Salas

El arreón primaveral de la pasada campaña maquilla la cifras de Míchel en el Málaga

Pedro Luis Alonso
PEDRO LUIS ALONSOMálaga

Míchel es historia. La que recordará al técnico malaguista por ser el entrenador al frente de la peor primera vuelta de su trayectoria como club en Primera División. Sólo 11 puntos de 57. Claro que también fue Míchel el que asentó la permanencia de la campaña 2017-18, no el que salvó al equipo, como reconoció de forma inexacta en una reciente comparecencia de prensa. En efecto. Tomó al equipo a principios de marzo, cuando el colchón de puntos era de siete puntos sobre la zona de descenso, y acabo la Liga con quince de renta.

Precisamente esa etapa inicial, con seis victorias, dos empates y cuatro derrotas generó otra imagen del técnico madrileño, muy diferente a la de las últimas semanas, cuando la petición de su destitución entre aficionados y medios de comunicación era un clamor. Míchel debutó con una derrota ante el Alavés (1-2) en La Rosaleda el 11 de marzo, en la vigésima séptima jornada liguera. Heredaba un Málaga deprimido, lastrado por la lesión de Sandro, su máximo goleador y en el que el 'Gato' Romero no había conseguido detener la sangría de puntos.

Míchel no aportó victorias hasta el cuarto compromiso, tras un 0-0 en Leganés y un 0-2 del Atlético en Martiricos. Pero el 0-1 en Gijón fue el punto de inflexión de la temporada. Llegó en una semana de tres partidos. Aquel aldabonazo vino sucedido del inesperado y meritorio 2-0 al Barcelona, que influyó mucha en el alirón del Real Madrid a la postre. Con la única excepción de la derrota en Riazor (2-0), el Málaga se disparó con una racha de 18 de 21 puntos en juego. Bien es verdad que tuvo resultados más plácidos de lo esperado, como un 0-2 ante un Granada en coma o un 3-0 al un Celta con todos sus suplentes, porque encaraba un duelo vital de semifinales de la Liga Europa en menos de cuatro días.

Pero Míchel, que encaraba esta campaña como líder carismático del proyecto, ha emborronado sus números y ha demostrado que le cuesta lidiar al frente de equipos en dificultades. Presenta tres triunfos, dos empates y catorce derrotas, historial que sería mucho peor si se incluyera la Copa del Rey (eliminación a las primeras de cambio ante el Numancia a doble partido) o los amistosos. En total, deja el banquillo con nueve victorias, cuatro empates y diecisiete derrotas, un bagaje que le coloca entre los peores de siempre en el Málaga. De hecho, de no haberse consumado la destitución hubiera protagonizado un récord negativo en Primera en casi 70 años, el de la peor primera vuelta de un equipo sin cambiar de técnico. El peor dato sigue siendo el de la temporada 1950-51, con el Lleida de Emilio Vidal:, con sólo dos victorias y un empate (en una Liga de 16 equipos).

Pese al calendario inicial favorable (duelos ante el Eibar, el Girona y Las Palmas), el Málaga no sumó puntos y se metió en una espiral negativa que prolongó la peor pretemporada de siempre (todos los choques saldados con derrota salvo un triunfo en el añadido ante un Villarreal con muchos canteranos). El calvario pareció encontrar un respiro en un tramo de seis jornadas con victorias ante el Celta (2-1), el Deportivo (3-2) y en Anoeta (0-2), un empate con el Levante (0-0) y dos derrotas justificables (2-0 en Villarreal y 3-2 en el Bernabéu). Sin embargo, justo después llegó otro desplome ante rivales directos: cuatro derrotas y sin marcar (0-2 del Betis, 1-0 en Vitoria, 0-1 del Espanyol y 1-0 en Getafe). De ahí una destitución que nadie entiende por qué no se produjo mucho antes. Ahora el Málaga, en función de los resultados que se den en la jornada, encarará la segunda vuelta con una desventaja de cinco puntos, en el mejor de los casos, o de ocho, en el peor, respecto a la zona de permanencia.

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