Ben Barek: «Comprendo a la afición; pero cuando uno cae, luego se levanta y lo hace mejor»

Ben Barek, ayer en las oficinas del Málaga con un balón de estilo retro. /Salvador Salas
Ben Barek, ayer en las oficinas del Málaga con un balón de estilo retro. / Salvador Salas

El hispanomarroquí revive sus sensaciones tras el multitudinario homenaje en La Rosaleda y analiza la difícil coyuntura del club

Pedro Luis Alonso
PEDRO LUIS ALONSOMálaga

Como un niño con zapatos nuevos, Abdallah ben Barek (Rabat, 1937) presume orgulloso de su nueva insignia de oro y brillantes del Málaga en la solapa. El día después de su multitudinario homenaje en La Rosaleda, se siente en una nube y muy agradecido al club. En una charla con este periódico resume algunos de los episodios más importantes de su vida y analiza el Málaga actual.

¿Durmió mucho anoche?

–No mucho. Estuve pensando en todo el trabajo del club y la Fundación para mi homenaje. Que contactaran con mi familia en Rabat sin saberlo yo...

Todo un mito

¿Qué fue lo que más le gustó o le sorprendió del homenaje?

–Gustar... todo, y lo que más me sorprendió es que estuviera un ministro (el de Asuntos Exteriores, Abdelkrim Benatiq), un cónsul o los presidentes de dos clubes de Primera (los del FUS Rabat y el Tetouan). Al ministro no lo conocía, pero me comentó que vive en el mismo barrio que el de la casa de mis padres en Rabat.

Uno de los momentos más emotivos, como dice, fue ver a su familia de Rabat. ¿Cuántos hermanos son?

–Éramos nueve, pero murieron dos y yo soy el mayor y casi todos mis hermanos eran futbolistas. Uno, Ahmed, falleció a semanas de hacer una prueba en Málaga. En un partido de Copa con el Raja Casablanca se rompió la tibia y el peroné y ya no vino.

Usted se crió en el Palacio Real en Rabat. ¿Qué recuerdos tiene de su infancia?

–Muchos. Mi padre era chófer real y cuando nací le pidieron a mi padre que llevara el nombre del príncipe Abdallah, el hijo pequeño del Rey Mohamed V.Se sacrificó un cordero en el bautizo y se nos dio dinero para la fiesta. A los 3 años entré en el palacio y estuve hasta los 10. Era casi un juguete para el Rey. Cada dos fines de semana salía a estar con mi familia. Había muchos príncipes y en el palacio, que es como un pueblo, tenía de todo. Jugaba con balones contra las paredes. Mi familia era humilde, y ya a los 10 años salí con ella.

¿Era difícil en los años 50 que un futbolista marroquí llegara a Europa?

–Qué le voy a decir... 1956 fue el año de la independencia de Marruecos de Francia y España, que tenía protectorados como Tánger y Tetuán, que tuvo equipo en Primera en la Liga. Con el cambio se incorporaron a la liga de Marruecos. Dio la casualidad de que jugué con el Stade Marocain (su equipo, ahora en Segunda) en Tetuán en Copa a partido único. Pasamos y marqué el segundo gol. Al acabar vinieron unos señores de Ceuta que querían ficharme. Me acompañaron allí para conocer la ciudad, pero no me gustó. Mi ilusión era ser profesional para comprar una casa a mis padres, así que me volví y, en el siguiente partido, jugamos un derbi ante el FUS, que había firmado a Larbi ben Barek (mejor jugador marroquí de todos los tiempos) y a Chicha, extremo del Tetuán. Ganamos en casa y cuando fui a saludar a Larbi me presentó a unos directivos del Granada, que estaba en Segunda, que venían a por mí. Con el tema político mi padre no quería dejarme ir, pero me atraía la ciudad. Le pedí a Larbi que convenciera a mis padres y fue un acontecimiento que fuera a mi casa.

¿Y pudo irse entonces?

–Sí, mi padre aceptó, pero era domingo y querían que me fuera el lunes. No tenía ni pasaporte y apenas 18 años, pero hablaron con la policía aeroportuaria en Granada en el vuelo directo desde Tetuán. El martes comencé a entrenarme y el jueves jugué un partido a prueba con el Recreativo Granada, que entrenaba Carmona Ros (luego en el Málaga). Pensaban que era el hijo de Larbi y me animaban. Metí un gol en el primer tiempo y no volví a tocar balón.En el segundo me pusieron en el Recreativo, y jugaban para mí, que era extremo derecho al empezar. Marqué otro gol y ya el presidente me llevó a comer para negociar el contrato. Se llegó a un acuerdo por 60.000 pesetas y 3.000 mensuales. El problema es que quería pasarle ya ese dinero a mi padre, y acordamos que me adelantaran 50.000 y 10.000 fueron para el Stade Marocain. La primera temporada subimos y en la segunda se logró la permanencia.

«Cuando nací le pidieron a mi padre que llevara el nombre del príncipe Abdallah, el hijo pequeño del Rey Mohamed V. Era casi un juguete para él»

Y vino el Málaga tras usted...

–Sí, porque sólo podían jugar dos extranjeros en cada equipo y uno debía ser sudamericano. El Granada necesitaba un portero, porque se retiró Candi, y firmaron a Carlos Gomes, el de la selección lusa. En el Málaga Julio Parres, que entonces tenía negocios en Marruecos, se interesó por mí, pero no llegamos a un acuerdo. Entró el Murcia y me ofreció 100.000 pesetas, pero el problema es que ya tenían apalabrado otro marroquí que jugaba en Francia y se le habían firmado tres años. Por eso el Málaga volvió a interesarse. Estábamos en Segunda y bajamos a Tercera esa temporada. A la semana de llegar yo, vino Américo. Y subimos pronto a Primera División.

Algo tendrá Málaga cuando fue desde entonces, y han pasado seis décadas, su ciudad de referencia y residencia...

–Málaga no estaba como ahora. Empezaba a florecer el turismo en Torremolinos y a mí me acogió en la calle Granados la familia Aragoneses. Cada vez estaba más encantado con la ciudad y el ambiente.

¿Cuánto tendría de cláusula de rescisión si tuviera ahora 25 años?

–Bueno, no se puede saber. La televisión ha hecho mucho, y si haces un partido bueno se magnifica más. Mis condiciones no eran las de Messi, pero era ese tipo de jugador que muchos querrían para su equipo.

Ayer le acompañó Naybet, que se siente muy agradecido a usted...

–Sí. Eso fue porque, en los 80, el rey Hassan II quería impulsar el fútbol marroquí y se creó el proyecto 'Mil futbolistas' y me contrataron como director técnico de la Federación para buscar jugadores que progresaran en todas las categorías inferiores. Ahí apareció Naybet y otros jugadores que se fueron a Francia.Verlos progresar desde pequeño fue muy bonito. Naybet era extremo derecho, pero en una eliminatoria de la Copa África de menores en Egipto se me lesionó un central y le puse a jugar ahí.Desde entonces el WAC (ahora Wydad) de Casablanca lo mantuvo en ese puesto, desde donde llegó a la selección absoluta, a Francia y alDeportivo.

En esa época Marruecos se convirtió en el Mundial de México 1986 en la primera selección africana en pasar de fase. Ahora vuelven a un Mundial (en Rusia), ¿con un equipo mejor o peor que el de entonces?

–Las comparaciones son siempre odiosas, pero en aquel tiempo estaba Ezaki (ex del Mallorca) en la portería; Bouderbaia, un interior magnífico, o Timoumi, otro jugadorazo y que estuvo a punto de venir al Málaga. Al final se lo llevó el Murcia de Kubala, y le comentaba que cómo no le ponía... «Es que le pegan una patada y se levanta y le pide perdón al que se la da», me decía... Le sobraba bondad. Hoy me felicita todos los viernes con un 'whatsapp'. Yo creo que la selección del 86 tenía más calidad, pero el actual seleccionador (Hervé Renard) está haciendo un gran trabajo. Estuvieron invictos en la clasificación.

«Mis condiciones no eran las de Messi, pero era ese tipo de jugador que muchos querrían para su equipo»

Usted también estuvo cerca de ir al Mundial de Chile (1962) como jugador. Perdieron una repesca contra España.

–Sí.Eran mejores. Fue una gran oportunidad, pero tenían un equipazo: Di Stéfano, Puskas, Gento,Del Sol, Santamaría, Zoco... Perdimos 0-1 en Casablanca, e influyó también que nuestro mejor jugador, Akesbi, del RAC, no vino con la selección en la vuelta, porque entonces los clubes podían prohibir a los jugadores ir con su país. El Real Madrid estaba detrás de él y por eso no lo dejaban. En Chamartín se pusieron 3-0, pero marcamos dos goles, yo el segundo de un zurdazo. Y pese a ello tenía molestias musculares en la pierna derecha. No dije nada a Marruecos, para poder jugar, ni al Málaga, para no dejar de cobrar. Y era una época sin cambios cuando había lesiones...

Usted está, como se suele decir, entre dos tierras, con la confianza del jeque, pero sabiendo que la afición está descontenta con la gestión en el club.

–Comprendo a la afición.Se ha descendido y pueden estar enfadados, pero conozco a esta afición.Sé que la próxima temporada, en Segunda, estarán con el equipo. Puede que haya más público incluso que en Primera. Siempre digo que cuando uno cae luego se levanta y lo hace mejor. Creo que esto se puede superar. Lo sucedido ya es pasado y hay que unir fuerzas.

«El jeque quiere a este Málaga entre los mejores de España. Pensaba que se podía lograr y ahora hay que ayudarlo también, pero debe acoplarse a la mentalidad de aquí»

¿Pero habría que cambiar la forma de gestionar el club?

–No sé. Las personas tienen una forma de pensar y si tienen confianza hacen unas cosas. El jeque quiere a este Málaga entre los mejores de España. Pensaba que se puede lograr, y ahora hay que ayudarlo también, pero debe acoplarse a la mentalidad de aquí.

¿Cómo ve la evolución de En-Nesyri?

–Antes los clubes traían jugadores por sus características. Ahora prima más lo colectivo. No basta una individualidad. En-Nesyri es un chaval joven que arrollaba en la Academia Mohamed VI de Rabat. Vino a los juveniles y tres más con él que no siguen y se volvieron por diferentes motivos. Ahora están también Hicham y Abqar. En-Nesyri necesita aprender tácticamente para explotar sus condiciones de fuerza y velocidad. No correr por todos los balones. Eso se puede aprender.

¿Qué tipo de apuesta habría que hacer en Segunda con el equipo?

–Hay que tener un equipo que tenga algo de Primera y algo de Segunda. Tiene que ser peleón. No todo va a ser bonito.Hay que ser práctico.

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