NO SE BESEN LOS ESCUDOS

JOAQUÍN MARÍN D.

No se besen los escudos, que duele. Duelen las mentiras, las falsas declaraciones de amor, la imposible pasión por unos colores, porque al final todo es interés. Y está bien que así sea, que el fútbol es dinero y parece que el dinero se inventó para el fútbol. Pero no se besen los escudos, no digan que jugar en este equipo fue un sueño de infancia, no mientan. Es sencillo, basta con apelar a la profesionalidad para entender que uno trabaja, juega, por dinero. Qué decepción, Pablo Fornals, estrella de la cantera, líder sentimental del Málaga en esta nueva era posterior a Weligton, Duda y Camacho. Fue al calor de una oferta económica mayor que se fue, que no quiso seguir, que retrató un proyecto con la foto fija de un adiós, ahí te quedas, siempre en mi corazón, palabras, excusas que duelen aún más. Y qué decepción con el club, sea quien sea el responsable de no haber atado antes a un chico que ya ha sido internacional, que se ha criado aquí y que no se ha sentido valorado de la única manera que un club de fútbol puede valorar a un futbolista: con dinero. El cariño de la afición es otra cosa. Y cuidado con el Villarreal, que parece que se va a vengar cada vez que pueda de aquel fichaje a tocateja de Cazorla, que tanto dolió en el imperio de la cerámica y los supermercados. Primero los Samus, ahora Fornals, próximamente quién sabe. Pero tal vez la mayor decepción sea con quienes han permitido y permiten que el Málaga, caramba, el Málaga, sea incapaz de competir con un equipo de pueblo, que no es un insulto, pueblo rico y emprendedor. Pues así es como se escriben las historias de las decepciones estivales de nuestra pasión.

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