MI BODA Y EL ASCENSO

JOAQUÍN MARÍN D.

Tal día como hoy del año 2008 el Málaga regresó a Primera División tras vencer en La Rosaleda al Tenerife por dos a uno. Hace nueve años de aquello. Lo recuerdo bien y no sólo por mi pasión malaguista -un ascenso es acaso el único éxito inconmensurable y repleto de alegría que los grandes del fútbol jamás podrán experimentar-, sino porque el día anterior me casé. Y sí, estuve en el campo, junto con mi mujer, Paula, y saltamos ambos al césped -espero que la falta haya prescrito- para celebrar en ese horno que era el terreno de juego el retorno de mi equipo a su lugar natural. Hay gente que va directamente del convite a un partido de fútbol, y yo con seguridad no habría llegado a eso; lo primero es lo primero. Pero desde tiempo atrás, al ver que las fechas de mi boda y de la última jornada de Liga casi coincidían, y al comprobar no sin cierta angustia que el Málaga alargaba sin remedio la fecha del ascenso con resultados dispares, preparé mi plan: reservé la entrada del asiento junto a mi localidad, que no estaba vendido en abono de temporada, y llegué a un acuerdo con Paula. Si el Málaga ya había ascendido para la jornada del día posterior a nuestra boda, no iríamos al partido; y si no tenía opciones de hacerlo, tampoco. Pero si ese partido era el partido del ascenso, nadie podría apartarme de una Rosaleda llena hasta la bandera, sedienta de éxito y celebración, porque es algo infrecuente y no se debe dejar pasar así como así. Y allí estuvimos ambos, y también mi inseparable Manolo, y terminamos de celebrar la boda en Preferencia, fila 5. A nadie extrañó que lo hiciéramos. Hay que aprovechar todas las oportunidades para ser feliz.

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