CAMACHO, SIEMPRE EN MI EQUIPO

FÚTBOL ESCRITO

JOAQUÍN MARÍN D.

Hay jugadores que uno siempre querría en su equipo. Dicen los madridistas que Marcelo, por su entrega, calidad y atrevimiento; dicen los 'culés' que Luis Suárez, al que realmente resulta odioso tener enfrente; decían los levantinistas que Ballesteros, marrullero profesional, que era poco menos que la traslación del escudo granota al terreno de juego, y que compensaba su déficit futbolístico con sus artes para desestabilizar al contrario. Sin entrar en comparaciones, Camacho ha sido el estandarte del Málaga más exitoso que esta afición haya visto, es decir, el Málaga del jeque, o el Málaga de la Champions, o como se quiera definir una época histórica que ojalá se repita, pero que no será sencillo revivir. Ahora que parece que se va, llega el momento del reconocimiento. Al capitán, al jugador y hasta a la persona, que ha ejercido sus galones en el césped y en el vestuario, en la creciente y comprometida labor social que dignifica al club, en la gestión de las crisis que han azotado a la entidad y en su defensa del Málaga ante los contratiempos, ataques, críticas justas e injustas y decisiones arbitrarias que ha sufrido, que también. Se le agradecen su claridad al hablar, su capacidad de autocrítica y sobre todo su sinceridad a la hora de meter la pierna, la cabeza y la cara en cualquier balón dividido cada vez que se ha puesto la camiseta del Málaga. Hay una foto muy descriptiva, tomada en el Calderón, en la que enseña una pierna que más parece la de un torero corneado que la de un jugador de fútbol, tras sufrir una agresión del central atlético Giménez. Esa imagen define a Camacho, al que siempre hay que querer entre los nuestros, al que hay que agradecerle su entrega indudable, y desearle suerte, porque se la merece.

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