Del cielo al infierno con Al-Thani

Abdullah Al-Thani/
Abdullah Al-Thani

Los ocho años de Abdullah Al-Thani al frente del Málaga tuvieron distintas fases, con diferentes protagonistas secundarios, pero desde hace varias campañas es el jeque y su familia quienes dirigen el club y acumulan errores de una forma directa

Antonio Góngora
ANTONIO GÓNGORA

El 11 de junio de 2010 comenzó la 'era Al-Thani' en el Málaga. Fue la fecha en la que Fernando Sanz, junto a su esposa, Ingrid Asensio, firmó la venta del club ante el hombre de confianza del jeque, Abdullah Ghubn. Un mes después llegaría la espectacular puesta en escena de la operación, del cambio de propietario, en La Rosaleda, sobre el césped del estadio. Era el arranque de una etapa muy novedosa para el fútbol español, pero rodeada de esperanza para los aficionados del equipo de Martiricos. Las perspectivas majestuosas del proyecto encendieron la ilusión de los seguidores. Y los buenos augurios se confirmaron más adelante con la clasificación y brillante disputa de la Champions, pero la decadencia comenzó antes de los dos años al dejar de invertir el propietario hasta llegar a un descenso anunciado. Al-Thani llevó al conjunto blanquiazul al cielo del fútbol con sus constantes inyecciones económicas y ahora lo sitúa en el 'infierno' de Segunda por culpa de una gestión caótica de la entidad tras la salida progresiva de todos los ejecutivos, controlando ahora la familia Al-Thani por completo todos los movimientos.

Etapa inicial Abdullah Ghubn se convierte en el principal gestor del club

Con las ideas ya preconcebidas antes de aterrizar y con nuevos protagonistas dentro y fuera del campo, arrancó la 'era Al-Thani' bajo un denominador común: el esplendor económico. Sin grandes inversiones todavía, el jeque dejó todo en manos de Ghubn, que se encargó de la renovación del club y del equipo, en este caso a través del técnico, Jesualdo Ferreira. Los cambios eran constantes y las personas de confianza variaron de una forma profunda en casi todos los departamentos. El Málaga se convirtió de la noche a la mañana en un nuevo rico en la compleja Liga española. Pero la maquinaria no funcionaba deportivamente, por lo que el hombre de confianza de Al-Thani se apoyó en el directivo José Carlos Pérez, que formaba el consejo consultivo junto a Francisco Martín Aguilar, y cambiaron la cúpula deportiva y ficharon a Manuel Pellegrini como entrenador y a Antonio Fernández como director deportivo (también llegaron a mitad de temporada Baptista, Demichelis, Maresca...). Y el equipo se recuperó al final después de pasar por la zona baja de la clasificación.

Etapa estelar El propietario multiplica la inversión para evitar sustos

Después de las urgencias de la primera temporada, en la que hubo momentos en los que el Málaga rozó el pesimismo y pensó hasta en el descenso, el jeque Abdullah Al-Thani, siempre a través de Ghubn, redobló la inversión y apostó por un equipo estelar, repleto de grandes futbolistas de reconocimiento mundial (desde Van Niltelrooy hasta Isco, pasando por Cazorla, Toulalán o Joaquín). De esta forma, se adelantaban algunas fases en las previsiones para dejar a un lado cualquier temor relacionado con un descenso. La inyección económica fue espectacular, lo que llevó al equipo a ocupar la cuarta plaza y clasificarse para la Champions (y desplegando un juego brillante). Eran los mejores momentos, sin duda, alcanzando el equipo de Martiricos el nivel máximo de reconocimiento de su historia. Todo iba bien, pero ya se advertían algunos impagos o retrasos destacados que se iban solucionando cuando llegaban las partidas del dueño), aunque el caos no llegaría hasta la fase final del campeonato, cuando el jeque ya dejó definitivamente de invertir. Ahí acabó la fase más deslumbrante de Al-Thani.

Etapa al límite El jeque frena las inyecciones de dinero y el club se colapsa

El final de la mejor temporada liguera del equipo, cuando logró la cuarta plaza, coincidió con el fin de las inyecciones económicas de su propietario. Con Fernando Hierro en su etapa final como mánager general y el fallecimiento de José Carlos Pérez, Al-Thani apuesta por un cambio radical con el nombramiento de hombre de confianza y vicepresidente de Moayad Shatat. Fue una etapa terrible, con amenazas de descenso administrativo incluidas y una posterior sanción de la UEFA que impidió la campaña siguiente que el Málaga pudiera participar en competiciones europeas, pese a clasificarse. Para evitar el colapso económico total, el club vendió de urgencia a Cazorla y Rondón y también tuvo la suerte de sumar muchos ingresos por su brillante trayectoria en la Champions. Todo esto evitó problemas más graves y permitió que la campaña pudiera concluir sin contratiempos irreversibles. Y el jeque ya no viajaba a Málaga más que en momentos puntuales. El club funcionaba con Shatat al frente y el resto de profesionales de la entidad, que poco a poco recompusieron la situación para 'salvar los muebles'. De ahí que la temporada concluyera de una forma satisfactoria en todos los aspectos. De hecho, Al-Thani consiguió recuperar las simpatías con una afición que disfrutó con el mejor equipo de la historia, que llegó a los cuartos de final de la Champions (y cayó de forma injusta).

Etapa de transición Venta de todas las estrellas y vuelta a la modestia perdida

Era evidente que el Málaga tenía que deshacerse de todas sus estrellas, ya que su estatus había cambiado y necesitaba reducir presupuesto para saldar parte de la deuda. Y vendió a sus grandes futbolistas para recuperar dinero y hacer frente a los impagos. Con Schuster en el banquillo, el equipo regresó a una etapa más modesta, pero todavía consistente pese a los problemas deportivos que aparecieron y luego se solucionaron. El jeque volvía a alejarse paulatinamente. Con los responsables de BlueBay al comienzo controlando y dirigiendo la gestión (algunos meses). Y pronto llegó la mejor noticia económica para el futuro del club, el nuevo reparto de los derechos de televisión. Esta novedad resucitó económicamente al Málaga, que ya no necesitaba (ni necesita) más inversión que una buena gestión de sus recursos. Era el momento del crecimiento del club. Sus gestores en Málaga eran partidarios de que la entidad fuera vendida por el jeque para que pudiera relanzarla otro inversor más ortodoxo. Y al final de esta etapa también llegó primero Nasser Al-Thani, que se convirtió en el nuevo consejero delegado y también vicepresidente. Pronto tomó la decisión de marcharse Shatat. Los Al-Thani se quedaban al frente de la entidad, con Vicente Casado todavía como director general y con el resto de los ejecutivos de la entidad.

Etapa de decadencia y caos Al-Thani y sus hijos se quedan solos al frente del club

La marcha atrás en la gestión del club comenzó con la dimisión de Shatat, que mediaba con el jeque en las decisiones destacadas, y el posterior despido de Casado a mitad de temporada (hace más de dos años). También destituyó a Mario Husillos y dio el poder deportivo a Francesc Arnau. Ahí se quedaron ya al frente del club de una forma directa el jeque Al-Thani y sus hijos Nasser, Nayef, Rakan y últimamente su hija Hamyan. En el primer envite la situación logró salvarse y el equipo respondió al final y consiguió levantar el vuelo de una forma satisfactoria, pero ya se apreciaban las dificultades en la cadena de decisiones. El nombramiento y la posterior dimisión de Juande Ramos provocó una crisis que se resolvió en dos fases, primero con Marcelo Romero en el banquillo y luego con Míchel. Tras evitar la zona baja al final de campaña el Málaga vendió a sus estrellas planificó esta campaña de forma errónea, con gran participación activa del jeque. La mala gestión general (luego llegó otra vez Husillos) ha sido una constante que ha derivado en el descenso.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos