CONFIEMOS EN EL EQUIPO

MANUEL CASTILLO

Apunto de doblar la rodilla, al Málaga lo salvó la campana (el campanazo, diría yo) en el cuadrilátero de Anoeta. Fue providencial porque sus compañeros de fatiga, todos, ya habían dado muestras de reactivación, no sólo sumando puntos sino remontando algún que otro marcador. Y allí, ante una Real Sociedad que parece vivir ahora un mal momento, los jugadores malaguistas sacaron pecho, lucharon como otras veces, pero en esta ocasión con un árbitro que pitó lo que vio y no dudó en señalar dos penaltis que nadie ha puesto en duda, lo que ya es un mérito. Un árbitro valiente capaz de pitar dos penaltis contra el equipo local y, reconozcámoslo, una ayudita que hasta ahora venían sido piedras en el camino. Arriba los ánimos, por tanto, con una semana larga por delante para que el próximo lunes por la noche, ante el Betis, suene en La Rosaleda el pistoletazo de salida hacia lugares más altos de la clasificación.

Pero, vista esta reanimación que aporta el equipo, sigo sin ver claro el comportamiento del club, del jeque quiero decir. Uno, que nunca ha sido propenso a los números en la clasificación ni especialmente los de tesorería, no acaba de entender cómo después de los treinta millones de traspasos y los cuarenta y pico de la televisión, después de que esos traspasos hayan supuesto una sensible rebaja en las nóminas de la plantilla, todavía se siga pordioseando con cifras ridículas para fichar en enero. Por eso, creo más en la potenciación y confianza en el equipo de Míchel que en la ilusionante y falsa promesa de unos fichajes que casi siempre son elementos en liquidación en otros conjuntos. Con La Rosaleda a tope, con más de veinte mil abonados y más de media Málaga apoyando, a la fuerza ha de salir adelante el equipo... y hasta el club. Hay tiempo por delante.

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