Cristiano Ronaldo y lo demás

MANUEL CASTILLO

Resultado aparte, el llamado clásico dejó claro un par de aspectos a tener muy en cuenta: que el Real Madrid está viviendo su mejor momento y que el Barcelona anda como alma en pena, triste y desangelado. Y dejaba al descubierto igualmente la pésima gestión de unos directivos que se han olvidado por completo de recomponer un equipo que se les acabó hace ya un par de años; y que recurren a traer cualquier jugador de cierto renombre hasta de China con tal de justificarse ante unos seguidores a los que no se les da con queso. Tres goles tendría que marcar el equipo azulgrana en el Santiago Bernabéu, y el Real Madrid ninguno, para llevarse el primer título de la temporada. Y milagros de ese tipo no suelen darse.

Por el contrario, y en medio de la alborozada alegría madridista, no debe echarse en saco roto la inadecuada actitud de Cristiano Ronaldo después de su gol genial. Despojarse de la camiseta aún a costa de una tarjeta amarilla y empujar al árbitro tras la segunda tarjeta es algo disparatado en un futbolista de su categoría por mucho que sus pulsaciones se les dispararan. Lo que pudo ser una simple suspensión recurrible ha pasado a ser un castigo de cinco partidos. Sin duda, una actitud sancionable por el propio club. Menos mal que ahí están Isco, Lucas Vázquez y Asensio que, como contrapartida, dispondrán de más oportunidades para encumbrarse en el equipo. Un Real Madrid que, al contrario que el Barcelona, dispone de una 'problemática' plantilla, pero por exceso de jugadores y de calidad.

Y como casi siempre, un último párrafo para el Málaga de nuestras penas que ojalá se torne en ese Málaga que todos queremos en su encuentro inaugural en la Liga contra el Eibar. El Real Madrid, salvando las distancias, ha demostrado que se puede pasar de una mala o vulgar pretemporada a un comienzo de Liga espectacular. Que por ilusión y optimismo que no quede.

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