No nos dejan

JOAQUÍN MARÍN D.

Hay que aceptar, por la fuerza de los hechos, que el fútbol ya no tiene calendario, que no para porque no puede parar, que ya no tendremos más veranos sin balón ni titulares como aquellos de hace apenas unos años. Oficialmente estamos en un estío de descanso, es decir, sin Mundial ni Eurocopa, pero la máquina de la industria no para, alimentada por intereses económicos que hacen coincidir el final de la temporada en Segunda con el inicio de la pretemporada en Primera, con la detención del presidente de la Federación por corrupción y con las giras amistosas por el mundo de las sucursales de líos en que se han convertido los clubes. Que nos gusta el fútbol, sí, pero de todo gusta descansar, pues el empacho genera rechazo. Y han montado de tal manera el asunto que hay semanas y semanas en que hay partidos a diario. Si hoy es martes, esto debe ser la Champions, y el viernes hay Liga, una jornada distinta a la que acabó ayer jueves. Y el martes próximo ya empieza la siguiente. Mandan las televisiones, que están sosteniendo con su dinero una burbuja que los expertos ya vaticinan que es insostenible a medio plazo, con un engorde artificial del deporte que se llevará por delante a muchos. Hay reglas aprobadas en el ámbito europeo, el 'fair play' financiero, impuestas por los grandes para tener a raya a los pequeños, pero ellos no las cumplen. Hay corrupción nacional, continental y mundial. Y todo esto uno lo sabe, y lo aparta sólo porque ama el juego y porque le encanta ir al estadio con la ilusión infantil de cantar un gol de su equipo. Pero hace falta parar, aislarse, para seguir pensando que a pesar de todo esto merece la pena. Y no nos dejan.

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