LA DEUDA DE MÁLAGA CON HERNÁNDEZ NAVARRETE

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Veinte años de la mayor gesta deportiva en Málaga -que resuena en mi memoria, al menos- darían para escribir muchas páginas de un equipo mítico que cautivó a toda una ciudad y a todo el país, pues asombró a propios y extraños con un triplete digno de admirar, indeleble con el paso del tiempo, impertérrito en la cascada de emociones que produjo esa proeza. Para entender la epopeya hay que retrasar el reloj un año, cuando un equipo modesto de mujeres trabajadoras que tenían el fútbol como pasión se plantaron en Madrid para jugar la final de la Copa del Rey frente a uno de los clubes potentes de la categoría, el Espanyol, que a la postre revalidó el título. Ese 8 de junio de 1997 perdieron un partido, pero se ganaron el derecho a la gloria que conquistaron doce meses después con la Liga, la Copa y la Supercopa. Ese domingo en el que Fernando Hierro consiguió un gol que dejaba a España a las puertas del Mundial 98 Málaga triunfó por partida doble, pues en Arganda del Rey brillaron los colores verde y morado de la ciudad, ya que como equipo visitante se vio obligado a cambiar su indumentaria habitual, la blanquiazul. No levantó el título, pero se ganó la experiencia necesaria para redondear un año después una de las mayores peripecias que se recuerdan.

El artífice de ese milagro que jamás se volvió a repetir lleva por nombre Manuel Hernández Navarrete, un personaje al que Málaga le debe mucho, y espero que pronto pueda ver cómo la ciudad salda esta ciudad histórica con este entrenador mítico que merece un homenaje acorde a su categoría. Ese año, el de la derrota, en un autobús camino de la capital de España, junto a mi compañero Ñito Salas, rumiamos ilusión por doquier, y la amargura de la derrota pronto tornó en un espíritu de superación culminado apenas un año después. Rememoro con emoción contenida a Isa, fiel escudera del técnico; a la portera, Estrella; a una pequeñaja a la que le sobraba calidad y talento, Alicia, de Totalán; a las mellizas Sonia y Yolanda, a la goleadora, Auxi, de Ronda, que entonces era como Messi y Cristiano juntos ahora... ¡Cuántos recuerdos tan gratos!

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