DORTMUND SIGUE AHÍ

JOAQUÍN MARÍN D.

En una casa en la que hay niños pequeños es complicado luchar contra el poder de atracción televisiva de Peppa Pig, el Capitán Man con su inseparable Kid Danger o Shimmer y Shine. Y lo es más hacerlo en el 'prime time' infantil, esto es, entre las ocho de la tarde y las nueve de la noche. Pero a veces, si coges a los pequeños en un despiste mirando al techo o en medio de una pelea fraternal, te da tiempo a pulsar un botón y encontrar algo de fútbol. Confías en que el escaso minuto que vas a tener antes de que los dueños del mando se den cuenta y restauren la normalidad democrática te sirva para ver una buena jugada o un gol. Esperas que no esté el juego detenido por una falta o una tarjeta, porque la Patrulla Canina acecha para regresar al salón en cualquier momento. La pasada noche del martes sufrí un viaje desagradable en el tiempo al Westfalenstadion de Dortmund, donde el Borussia jugaba contra el Real Madrid un encuentro de la fase previa de la Champions. Ese uniforme color avispa contrastaba con el blanco del Madrid. Y de pasada creí ver al Málaga jugando, porque en la fatídica noche del robo del árbitro Thomson íbamos casi de blanco, con los pantalones, las medias y la espalda de este color, y sólo el pecho blanquiazul; y estaba Isco sobre el césped, como anteanoche. Y me dio un escalofrío, porque los planos largos de la televisión podían ser perfectamente los del Dortmund-Málaga de aquella horrible jornada alemana. Y la portería en la que se consumó la tragedia sigue ahí. Nada ha cambiado, salvo nosotros. Pero Dortmund nos está esperando. Le debemos otra visita para cerrar el drama. Ni siquiera hará falta ganar: sólo volver.

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