Enrique, mi ídolo Quini

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

En los últimos días habrán podido leer innumerables elogios en torno a la figura de Quini. Créanme: todos se quedan cortos. Enrique Castro ha sido, es y será mi único ídolo no malaguista, así que cuando lo conocí por primera vez me quedé bloqueado, casi sin habla. Lo recuerdo como si fuera ayer. Fue en el hotel Marsol, en los dominios de Marcelino Torrontegui, en Candás. Allì se desplazó, como siempre, a recibir a la expedición malaguista y a fundirse en el abrazo tradicional con Paco Martín Aguilar. Aquel día, que concluyó con una cerveza y una interesante charla de fútbol hasta la madrugada con 'Quique' Mejuto, Quini pasó a ser Enrique. Descubrí que no era un tipo normal, sencillamente porque un tipo normal no reúne tanta humildad, tanta bonhomía, tanta cercanía. Como Vicente del Bosque. Desde aquel día pasé a ser del Sporting, como después muchos malaguistas por el ascenso conjunto en 2008 a pesar de aquel personaje llamado Badiola o por tantas otras razones. Pensaba en Enrique, en Quini, cuando volvíamos del tétrico partido en Leganés. Hace menos de un año coincidimos por última vez en la arrebatadora Gijón. Yo iba, como casi todos, con 'media en las agujas', consciente de que una derrota nos mandaba a Segunda. Vencer en El Molinón -que ahora llevará el nombre del mito (una decisión tan tardía como el reconocimiento a Chiquito)- suponía dejar al Sporting casi hundido. Le expresé a Enrique el mal sabor que nos iba a dejar a muchos que el damnificado fuera un equipo tan querido. Y él, sonriente y con esa sinceridad que lo caracterizaba, me dejó a cuadros: «Tranquilo, que de todo se sale». Él, que había vivido un secuestro, que había perdido a un hermano superhéroe, que había dejado atrás un cáncer, que había superado mazazos como la inesperada muerte de su amigo Gaspar Rosety... Enrique lo desdramatizaba todo y, si pudiéramos hablar ahora, hasta desdramatizaría su propia muerte. Yo lo intento, querido Quini, pero no creo que ese «de todo se sale» valga para el Málaga. O esto cambia mucho de arriba abajo, de la propiedad al vestuario, o el panorama pinta muy feo.Y me temo que pocos lo ven venir...

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