Estadio La Rosaleda

Estadio La Rosaleda

Dirección:
Paseo de Martiricos S/N
29011 Málaga
902 21 40 04

La Rosaleda se reestrena en Primera División

«Sería increíble que el Málaga descendiera ahora que se está acabando de construir el estadio». Estas palabras las pronunció hace poco más de dos años el actor Antonio Banderas, que, como el resto de los aficionados, ya presentía que el desastre estaba próximo. Al final se cumplieron las previsiones y La Rosaleda no pudo reestrenarse en Primera, algo incomprensible si se tiene en cuenta que el proyecto de remodelación comenzó a debatirse en 1999 y las obras arrancaron un año después. El campo de Martiricos, sin embargo, ahora sí tendrá la oportunidad de vivir otra vez las emociones de los partidos de élite. Será novedoso para este recinto que, desde la finalización de los trabajos, ha albergado los compromisos del equipo blanquiazul en Segunda (dos temporadas), así como el Partido contra la Pobreza y el encuentro amistoso de la selección española frente a Francia.

El Málaga, cuando militaba en Primera, sufrió las incomodidades y la reducción de ingresos, entre otras cosas, al disponer de un campo siempre en obras. «Hemos perdido nuestro rincón de seguridad», aseguró Joaquín Peiró cuando el estadio no disponía de la grada de Fondo, en la que se ubican los componentes del Frente Bokerón, una de las peñas más animosas del club. Cada temporada faltaba alguna grada al estadio, lo que también facilitaba una imagen pobre de la instalación. Esta merma tan importante del aforo, además, provocaba que los precios de las pocas entradas disponibles se dispararan en los grandes encuentros, contra el Real Madrid y el Barcelona.

Dificultades

Las dificultades y la polémica siempre rodearon a la reconstrucción del estadio. Primero se apostó por una simple remodelación, con un bajo presupuesto, pero los primeros trabajos técnicos fueron concluyentes: los fondos deberían ser demolidos para garantizar la seguridad. Este problema demoró el arranque de las obras. A las complicaciones arquitectónicas, además, se unían las disputas políticas. La multipropiedad del campo (Junta de Andalucía, Ayuntamiento de Málaga y Diputación Provincial), con distintos partidos en el poder, sólo añadía complejidad y retrasos. De hecho, ante la falta de acuerdo, la entonces alcaldesa, Celia Villalobos, puso en marcha la reconstrucción de Fondo de forma independiente, sin cerrar un pacto con los demás socios.

El proyecto, modificado hasta el punto de convertirlo en una nueva construcción, arrancó indefinido y con una financiación sin cerrar. De hecho, los trabajos se ralentizaron varias veces para negociar compromisos y aportar el dinero necesario por parte de los dueños. La reconstrucción fue considerada como una pesadilla en el club, que contaba con uno de los peores estadios de la máxima categoría. Los numerosos inconvenientes, asimismo, impidieron que el arquitecto, José Seguí, pudiera planificar y programar adecuadamente las fases. Hubo varias modificaciones técnicas y estéticas que derivaron en improvisaciones y más demoras.

Se suprimieron numerosos elementos para reducir los costes, y así adaptar los presupuestos públicos a la construcción. Desde el club sabían que, analizando los continuos problemas, era imposible, casi milagroso, que los resultados fueran perfectos. De hecho, a medida que se iban entregando las distintas fases, aparecían problemas técnicos de menor relieve, como goteras, vallas mal colocadas... Errores de menor nivel, aunque poco habituales en proyectos bien programados y sin amenazas constantes de desacuerdos o cambios que busquen ahorro. Por ejemplo, el estadio no se ha impermeabilizado en su totalidad para abaratarlo.

Las instituciones, en permanente desacuerdo y con sus habituales pugnas políticas, creían que el presupuesto no podía superar las cifras que inicialmente habían previsto. Al final, la reconstrucción de La Rosaleda se cerró por unos 36 millones de euros. Esta cifra, aparentemente alta, es muy inferior a las que por aquellas fechas se manejaban para levantar campos de fútbol de dimensiones similares. De hecho, las administraciones reconocieron después que el estadio de Martiricos no salió caro, pese a los problemas técnicos propios de una reconstrucción en plena competición, además de las reducidas dimensiones del solar, situado entre una avenida importante y un río.

Seguridad

Las críticas, sin embargo, fueron una constante. Los aficionados protestaban por incomodidades y otros defectos de menor calado que aparecían cada semana. Con el paso del tiempo se solucionaron algunos inconvenientes y se pudo comprobar, pese a todo, que el campo reúne los requisitos más exigentes en cuanto a seguridad. Se adapta a las normativas de los organismos internacionales y, en las ocasiones en que se ha llenado, se ha podido observar que es internamente amplio y que los espectadores siguen los partidos sin problemas. La salidas son numerosas y de grandes dimensiones, lo que ofrece tranquilidad.

El principal problemas quizás haya que buscarlo en el aforo final. Estaba previsto que más de 33.500 aficionados pudieran asistir a los espectáculos que se ofrezcan, pero no ha podido ser así. Desde el club aseguran que la capacidad, por distintas circunstancias, ha quedado reducida a unas 29.000 personas. Podrían ser algunas más al unirle los palcos que rodean el estadio, aunque la pérdida de asientos es evidente en relación al proyecto inicial y, sobre todo, si se compara con el antiguo campo (llegaba a las 40.000 plazas, aunque todas las gradas no disponían de sillas con respaldo, como obliga la normativa). En  cualquier caso, a partir de la próxima campaña comienza una nueva etapa para La Rosaleda, que se reestrena en Primera División con la clara intención de mantenerse en ella mucho tiempo. 

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