Gato por liebre

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

El Málaga tiene 24.000 abonados. Se han marchado Sandro, Camacho y Pablo, y sin embargo la actitud de la afición nada ha tenido que ver con la vivida a raíz de la salida de los Samus y Juanmi. La ilusión no se ha resentido, ni siquiera con el pleno de derrotas de la pretemporada. Los rivales este verano son de mucho más empaque que hace un año y además tantas sesiones dobles impiden tener más frescura. Pero sí me llama la atención la pregunta que circula entre los seguidores y con la que me abruman: «¿Dónde está el dinero que ha llegado?»

El aficionado entiende cada vez más de 'economía del fútbol'. Es decir, del tope salarial, de cláusulas, de amortizaciones de fichajes y hasta del valor de los derechos televisivos. Pero lo que no entiende es que se ingrese mucho dinero por las salidas y apenas se invierta después. O que el Betis sólo haya vendido a Ceballos y no pare de fichar. Comienza a pensar que le dan gato por liebre. Y eso sí es un mal síntoma. No hay nada peor para un club que la desconfianza en su gestión.

Hace un año a Juande le vendieron una moto que luego venía sin ruedas y aguantó. A mediados de agosto se sintió como en el Espanyol, cuando prefirió irse al paro antes que ser cómplice de un engaño, pero tiró hacia adelante. Mucho me temo que Míchel también pueda tener esa sensación o de que vayan a darle gato por libre (Rolón u otro novato en vez de Javi García o uno de su nivel). De momento no es así porque el madrileño desprende compromiso, ilusión y ambición.

Al-Thani debería tener claro que a estas alturas el aficionado ya no va a dirigir sus críticas al director general (porque no lo hay), al director deportivo (porque es archiconocido que el jeque es quien lo decide todo) o al entrenador (porque se le considera el estandarte del proyecto). El aficionado no ha comprado su carné y ha renovado su fidelidad para vivir otra vez agobiado durante siete meses. El Málaga lleva demasiado tiempo al filo del alambre en organización y gestión, y la pasada temporada también lo estuvo ya en el capítulo deportivo. Alguien debe explicarle que el modelo presidencialista siempre acaba en fracaso. Pero, ¿quién se atreve a hacerlo? ¿Quién le pone el cascabel al gato?

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