La gestión del jeque en el Málaga, siempre al límite y agónica

El jeque Abdullah Al-Thani saluda a los aficionados en La Rosaleda en una imagen de archivo. /SUR
El jeque Abdullah Al-Thani saluda a los aficionados en La Rosaleda en una imagen de archivo. / SUR

La administración económica del club con Al-Thani nunca fue brillante, ni siquiera cuando inyectaba dinero

Antonio Góngora
ANTONIO GÓNGORA

La etapa del jeque Abdullah Al-Thani en el Málaga está a punto de entrar en su etapa más negra y tenebrosa. Después de años brillantes y otros en los que el equipo blanquiazul, al menos, cumplió en el plano deportivo, ahora todo está encaminado al desastre del descenso. En el peor momento posible, cuando la los equipos de élite ya se autofinancian gracias a los ingresos de la televisión, el club de Martiricos va a sufrir uno de los frenazos más inoportunos de su historia. Una de las claves fundamentales de la debacle estuvo en la planificación, pero también hay que buscarla en la mala gestión económica, lo que mantuvo casi siempre a la entidad al límite.

La deuda del Málaga ya es un clásico. De hecho, en estos días se ha cerrado el proceso concursal que se puso en marcha hace nada menos que doce años. En el periodo en el que el jeque lleva al frente del club, desde el verano de 2010, la economía de la entidad fue una montaña rusa, pasando por momentos agónicos. Esta deficiencia también marcó el capítulo deportivo en ocasiones, incluyendo una sanción de la UEFA que le impidió jugar la Liga Europa pese a clasificarse para esa competición. La tranquilidad en este capítulo ha llegado precisamente en los últimos años, aunque con cifras importantes de deuda acumulada.

El jeque hizo una entrada en el Málaga relativamente sosegada desde la perspectiva económica, con una inversión teóricamente sostenible, aunque con muchos gastos en el funcionamiento general. Pero el plan no funcionó en el terreno de juego y Jesualdo Ferreira fue destituido rápido y todo cambió diametralmente. El propietario, con Abdullah Ghubn dirigiendo el club en las oficinas de La Rosaleda, incrementó su inyección económica para reforzar la plantilla y evitar el descenso. Y lo consiguió claramente al final de temporada, ya con Manuel Pellegrini en el banquillo y con algunas figuras en sobre el campo, como Baptista, Demichelis, Maresca o Caballero, entre otros.

El peor momento de la última etapa del club coincidió con el final de la mejor temporada en la Liga del equipo blanquiazul en su historia

Al final de esa primera campaña, después del susto inicial, el propietario del Málaga dio una vuelta de turca ya definitiva y cambió los planes por completo al realizar ya fichajes estelares para confeccionar una plantilla de máximo nivel. Se incorporaron Van Nistelrooy, Isco, Cazorla, Monreal, Joaquín, Toulalan o Mathijsen. El salto fue espectacular, igual que los gastos. A partir de ahí comenzaron los problemas, con impagos constantes a proveedores y algunos retrasos generales. Aunque el jeque seguía inyectando dinero.

Final de las aportaciones

Y la inversión del propietario aguantó hasta el mes de mayo, aproximadamente, de 2012. Este fue otro de los momentos decisivos. Quizás el más destacado de todos. La plantilla era demasiado cara y el club ya no podía autofinanciarse. La deuda comenzó a crecer como la espuma y los impagos eran generalizados, incluyendo a los jugadores. Curiosamente esa temporada fue la mejor en la historia del Málaga en la competición liguera y acabó con un desastre económico que estuvo muy cerca de que tuviera consecuencias muy graves para el futuro del club.

Desde el Málaga salvaron los muebles con algunas ventas urgentes (Cazorla y Rondón), pero la amenaza de impagos era permanente. Al club le llovieron las denuncias, pero el equipo se aisló y realizó una espectacular campaña ya en el Champions, donde brilló especialmente al alcanzar los cuartos de final. La economía estaba al límite y el problema sólo se pudo superar gracias a los mencionados traspasos y la buena trayectoria europea, lo que le reportó importantes ingresos. Y la montaña rusa seguía y seguía.

Para la siguiente temporada tocaba de nuevo una sesión de humildad, que sería definitiva debido a que el jeque dejó ya de invertir. Los altibajos no cesaron y las deudas seguían acaparando toda la atención. La gestión económica no brillaba, era imposible que lo hiciera con el desfase creado con las grandes inversiones y la posterior reducción presupuestaria. El trabajo se hacía desde Málaga, con el jeque otra vez muy ausente, con Moayad Shatat al frente de la entidad y con Vicente Casado como director general. Se deshicieron de todas las estrellas para buscar el mejor equilibrio posible.

Y el proyecto deportivo salió bien, pero la gestión del dueño dejaba mucho que desear hasta que llegó otro momento clave, en el que el jeque descabezó definitivamente la entidad para dirigirla él y sus hijos, sin director general. Ahí comenzó otra etapa plagada de despropósitos que quedaba en segundo plano con la trayectoria deportiva hasta que, al final, en esta campaña, no ha funcionado el equipo y ha quedado al descubierto la nefasta gestión de una entidad importante y que ya no necesitaba el dinero del jeque para sobrevivir. Un desastre en el campo y fuera de él.

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