Una cuestión

LOS HOMBRES TAMBIÉN LLORAN

MANUEL CASTILLO

El Campeonato Nacional de Liga no corre sino que vuela. Apenas si queda tiempo para comentar, para hacernos eco de lo que sucede alrededor de algunos partidos. Y este final de Liga, con todo resuelto por abajo y casi resuelta la presencia europea por arriba, ha dado ocasión de que veamos unos llantos que se salen de lo común y del etiquetado beso al escudo de la camiseta cuando las cosas pintan bien. El anuncio de despedida de Iniesta (el jugador más querido de España a la par que admirado) es el ejemplo de y amor a unos colores, precisamente él que no es catalán. Lágrimas sinceras, de amor y de hombría ante una situación que todavía adquirirá más relieve el domingo en el Camp Nou.

En cuanto a lo que vimos en el campo del Levante hace una semana no eran lágrimas de emoción, ni de rabia o desilusión. Era el llanto de un hombre, malagueño y malaguista, instantes después de que el Málaga consumara su descenso. La imagen del presidente del equipo ganador abrazando y dando cobijo contra su pecho al rostro compungido y lloroso del representante (que no presidente) del equipo perdedor, es poco común. Por eso, la imagen, el vídeo, ha circulado incluso a nivel internacional y, como se dice hoy día, ha sido Trending Topic en las redes sociales. No es para menos. Con su gesto, con esa reacción, Paco Martín Aguilar, que ese es el hombre, nos ha dado una lección de humanidad, de sentimiento y de lo que es amor por unos colores, los de su tierra en ese caso. Momento es ya que se reconozca la entrega abnegada, desinteresada y más de una vez costosa de un hombre que nunca ha sido presidente y que en los momentos más críticos del club (que han abundado) siempre estuvo al pie del cañón. Martín Aguilar ha sido la única imagen de un club que se presentaba en muchos estadios sin presidente ni delegado y, a veces, sin secretario. Así, era la única persona testimonial para hablar con los presidentes anfitriones, con los árbitros y capaz de superar los inevitables imprevistos. También ha llorado Ben Barek (con su homenaje ya en puertas) y seguro que lo hizo Antonio Benítez. Seguro. Los tres, entre algunos otros, merecedores de un reconocimiento especial que quizás veamos algún día. Y que posiblemente nos haría llorar de emoción. Porque los hombres tambien lloran.

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