YA ERA HORA...

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Bautizó el inimitable y archiimitado José María García a España como «el equipo de todos». El sábado disfruté en La Rosaleda con el espectacular respaldo a La Roja, pero al mismo tiempo sentí envidia (y hasta malestar) porque echo de menos ese contundente apoyo cuando juega el Málaga. No todo malagueño es malaguista y eso me duele en el alma. Al menos tengo el consuelo de que la Grada de Animación, ahora sí de verdad cohesionada, mostró el camino ante el Celta. Ya era hora, sí, de que los aficionados asumieran que el panorama pinta feo y que conviene dejar a un lado al jeque porque ya no nos va a sacar de pobres. Y también ya era hora de que el club recuperara a Antonio Tapia. He repetido hasta la saciedad que era un lujo no contar con él (quizá también con otros muchos, pero ninguno como él). Ya no es sólo cuestión de profesionalidad y preparación, aspectos que nadie debe osar discutir, sino de seriedad. Por encima de todo, hablar de Tapia es hablar de proyecto en el que prima la seriedad. Y desgraciadamente no es esta una virtud por la que brille ahora la entidad de Martiricos. Desde que el añorado Manel Casanova tuvo que echarse a un lado, La Academia se había convertido en un contubernio de trepas, pelotas y correveidiles que encima se han visto avalados en los últimos tiempos porque en la propiedad gustan más los triunfos que la auténtica esencia de la cantera: sacar jugadores verdaderamente formados, no proyectos. Con Tapia se acabarán el cachondeo de los viajes plagados de jugadores de captación, las reprimendas a monitores de niños delante de los padres, los ascensos de futbolistas por intereses, las incorporaciones sin sentido con sueldos disparatados... El fuengiroleño no lleva piedras en su mochila (no está condicionado por personas ajenas al club) y sí las espaldas cubiertas por su puesto de profesor. Tiene las manos libres.

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