HURACÁN PIQUÉ

José Antonio Garriga Vela
JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

Un minuto de silencio, el balón comienza a rodar y la vida sigue. No cambian las cosas, ni siquiera las más aburridas y absurdas. Lo que destacó la prensa al día siguiente de jugar La Roja son los pitos a Piqué. ¿Acaso nadie recuerda el gol del empate de Morata al final del partido? El público de los campos de fútbol está dividido entre los simpatizantes del Real Madrid o del Barcelona y los que no son ni de uno ni de otro. Casi todos los canales de televisión abren la información deportiva con las declaraciones del central azulgrana que el miércoles se puso el brazalete de capitán de la selección española. Hay quienes lo apoyan y quienes lo detestan, pero sin duda crea siempre polémica. Otra cosa son las pancartas ofensivas y los estadios insultando al jugador del Barça, que dice cosas que no les gustan a los aficionados del Real Madrid de Florentino. Quien siembra vientos recoge tempestades. Y así un día y otro día. Habrá quienes opinen que Piqué se lo ha buscado y quienes piensen que la prensa deportiva y los circos que se montan en las tertulias televisivas deberían hacerle un homenaje al jugador que enciende la mecha de la discordia.

El domingo Piqué jugará en el extranjero y cuando suene su nombre en los altavoces probablemente nadie silbe en las gradas del Filip II de Macedonia, tal vez algún turista español. Al lado de Piqué, Sergio Ramos. Los dos defensas siameses que están unidos por la selección y tienen el corazón dividido. La semana que viene llegarán las vacaciones, el descanso y el silencio. Me pregunto si cuando Barcelona y Real Madrid vuelvan a verse las caras en el vendaval de partidos del verano seguirá estando Piqué en el centro del huracán.

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