HUSILLOS, EL REGRESO

JOAQUÍN MARÍN D.

Nadie podrá decir que no le ha sorprendido el regreso de Mario Husillos al Málaga. Salvo a él mismo, a juzgar por las declaraciones que hace siempre que deja voluntariamente el club o le invitan a marcharse, que de todo ha habido. Su relación con la entidad más parece la de un usuario de un gimnasio que igual va mucho a hacer pesas, igual se tira varios meses o años sin pisarlo. Está abonado al Málaga, en el sentido literal del término. Pero aunque sea la misma persona, las circunstancias ahora han cambiado muchísimo en relación a sus últimas etapas en los despachos de Martiricos. Ya no es un club de Champions, del que se fue cuando dieron las doce y la carroza se tornó en calabaza, los mayordomos en ratones y los corceles en jamelgos, es decir, cuando se vendió a Isco y a medio equipo tras la puñalada al corazón del malaguismo que supuso la noche de Dortmund. Y tampoco es el Málaga de los Samus, Camacho o Juanmi, el de su última etapa, de los que por cierto no queda ninguno y varias de esas salidas se firmaron bajo su responsabilidad. Ahora mismo el Málaga es un equipo que no tiene un solo jugador en propiedad que sea objeto de deseo de clubes con mayor poder económico. Esto es algo nuevo para Husillos, que tendrá que centrarse en construir una plantilla a corto plazo en invierno y a medio plazo el verano próximo que pueda ser competitiva. Se ha ido todo lo que se podía ir. En estos momentos, con el equipo colista y los nervios a flor de piel, es una muestra de valor volver al Málaga. Más allá de sentimientos, Husillos debe de ver claro que esto funcionará. Y es algo a lo que agarrarse.

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