LO IMPERDONABLE

JOAQUÍN MARÍN D.

Después del descenso, el descrédito, el abandono, el ridículo y la ruina, aún hay margen para hacerle un poco más de daño al Málaga: la inacción. Eso que Míchel definió con tanto tino, la pachorra. El darte igual que el club más importante de la ciudad y la provincia se vaya por el sumidero del desinterés y el egoísmo personal. Y a los aficionados, que les den. Hace ya tiempo, mucho tiempo, que todos sabemos que el Málaga jugará en Segunda el año que viene. Pero aquí seguimos, con un entrenador que no va a continuar alineando a jugadores que se van a ir y con un vacío de poder que retratan a la perfección las lágrimas de Martín Aguilar. Nada, ni una sola decisión entendible en este club de nuestras vigilias forzadas y pesadillas de madrugada. Ahora resulta que Jony, propiedad del Málaga, no puede jugar con el club que es su dueño en Segunda porque tiene forzosamente que ser cedido a un Primera, que para más cachondeo será, posiblemente, el Sporting. Bravo por el lumbreras que le firmó tan extraña cláusula en su contrato. Del director deportivo, Mario Husillos, poco o nada se sabe, salvo que le dio el rejón de muerte a la plantilla con una planificación que no tiene sentido por más que se le busque. Del asesor jurídico, Joaquín Jofre, que hace las veces de un inexistente director general, se sabe menos aún. Nadie da la cara. Y mientras tanto, el tiempo avanza y el Málaga desperdicia una de las más enormes ventajas con que cuenta para la planificación: el tiempo. Porque del dinero no sabemos ni cuánto se va a cobrar ni cuánto se va a destinar al equipo o a los despachos. El descenso es un drama, pero esta inacción es imperdonable.

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