LO IMPOSIBLE

JOAQUÍN MARÍN D.

Su garganta y, a lo sumo, una bufanda son las armas que el malaguista de a pie tiene para defenderse. Para hacer frente al enorme y casi insoportable conjunto de ofensas, dejaciones, abandonos, ataques y amor no correspondido que soporta cualquier noche fría, encima seguramente de lunes, en La Rosaleda. El sentimiento de orfandad es total porque mire adonde mire no hay consuelo, ni apenas un motivo de esperanza en una temporada que ofrece lamento e indignación como sentimientos únicos. Una temporada que transita entre la irrelevancia y el peligro de muerte. Las buenas intenciones, si es que las hay, no suponen buena gestión. Querer al club, si es que se le quiere, no significa que de repente brote calidad de donde no hay, o resultados de la patente ausencia de una idea de juego. Los mensajes de las redes sociales no son ánimos ni aliento ni dinero; sólo las buenas decisiones conducen a la tierra prometida. La planificación de la temporada ha sido tan equivocada como la no dimisión de Míchel cuando le desmantelaron el equipo y le montaron otro con jugadores que ni él conocía. O como la no destitución del que ya es, por números, el peor entrenador de la historia del club. Mientras, el presidente solamente dice que nada es imposible, pero se equivoca: es imposible que un club de élite funcione correctamente sin una gestión profesional. Imposible que LaLiga y la Federación traten al Málaga con respeto mientras no se haga respetar. Imposible salvarse sumando 11 puntos de 48. Imposible no echarse las manos a la cabeza pensando en la ruina tremenda que supondría descender. Lo único que no es imposible es que el malaguista vaya con su bufanda a animar a su equipo un lunes. Porque ésa es la única verdad ahora.

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