LA INACCIÓN MATA AL MÁLAGA

JOAQUÍN MARÍN D.

El Málaga está a punto de tirar a la basura el periodo económico más expansivo de la historia del fútbol español. Está cerca de canjear un increíble capital monetario y humano por un descenso de categoría, es decir, por una ruina sin paliativos y con pronóstico incierto. Y hay que esforzarse mucho para tener éxito en tan luctuosa empresa. Hoy se cobra más que nunca por los derechos de televisión. Se cobra más que nunca por los patrocinios, por la publicidad. Nunca nadie pensó hace apenas dos décadas que el dinero iba a inflar el fútbol hasta la gordura de hoy, pero lo ha hecho. Y los más listos de la clase nunca somos nosotros. Siempre es el otro. En la teoría de las catástrofes rige una máxima: cuando sucede algo realmente grave, detrás hay una serie completa de negligencias en cadena que desencadenan la tormenta perfecta. Una mala decisión se puede reconsiderar; un error, corregir; un golpe de mala suerte, superar. Pero la inacción mata. Si nada se reconsidera, nada se corrige y nada se supera, la sentencia está dictada. El Málaga está en pleno ejercicio de desperdicio de una ocasión histórica. Está pinchando su propio salvavidas con saña. Coge más dinero que nunca de los derechos televisivos, pero lo malgasta. Los invierte mal. Tiene más abonados que nunca, pero está echando a la gente de La Rosaleda a fuerza de hacer partidos calamitosos. Había recuperado una masa social de niños nacidos y crecidos en el malaguismo que veremos adónde vuelven la cabeza si se produce un descenso para el que hemos comprado demasiados billetes ya. Muchos clubes pequeños, de pueblitos, pasan al Málaga por la derecha, aprovechan la bonanza, se consolidan. Nos quitan el sitio. Ocupan un lugar merecido. La inacción mata al Málaga. Nos mata a todos.

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