LA INCÓGNITA DEL MÁLAGA

JOAQUÍN MARÍN D.

No sabemos cuántas revoluciones habrán fracasado antes de nacer. Ni cuántos sueños se habrán convertido en pesadillas al momento de abrir los ojos. Hoy el Málaga es una revolución sin caudillo, un puro insomnio que cansa y duele. Otro trabajo más, otra responsabilidad con la que cargar. Más que una devoción es una obligación, vista desde la óptica del malaguista que apenas durmió la otra noche del gol de Las Palmas en el último minuto. Han venido soldados nuevos pero no sabemos si son de fortuna o están comprometidos con el uniforme blanquiazul que les han puesto. Todo ahora es una pura incógnita: ¿se volverá a ganar un partido de los 16 que quedan?, ¿acertarán a marcar goles cantados los jugadores que dejan pasar una tras otra tras otra oportunidad?, ¿acompañará la suerte, también aliada necesaria en toda batalla? Todas estas cuestiones son importantes, pero al fin y al cabo son primera instancia e instrucción; las hay más serias, que tienen que ver con el futuro a medio plazo: las relativas a la imagen, la dignidad de los futbolistas y del club, el respeto a la afición y el honrar la camiseta. ¿Habrá amor propio para intentar levantar una situación muy difícil pero aún salvable?, ¿se dejarán pisotear por los campos de España si de aquí a dos o tres partidos el descenso es un hecho?, ¿habrá compromiso para ser un equipo hasta el final, con todo lo que eso conlleva? Y las hay trascendentales, las del largo plazo, que se refieren a la próxima temporada. Si hay tragedia, ¿se usará sabiamente la bala de plata que es el seguro de descenso para hacer un equipo que suba en seguida, o volveremos a ser los más tontos y pobres, los que menos dinero puedan gastar? Y la definitiva: ¿hay futuro?

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