Intercambio de papeles

El Málagan, en su partido ante el Eibar/Agencia Lof
El Málagan, en su partido ante el Eibar / Agencia Lof
Las cosas de Cañete

A lo largo de 93 minutos hubo relativa tranquilidad en el marcador. El Eibar parecía el colista...

PACO CAÑETE

El Leganés vistió de Chiquito de la Calzada en encuentro copero con el Madrid de la semana pasada. Con su imagen impresa en las camisetas, una ocurrencia para ganar, ofreció un insólito, original y singular homenaje al humorista malagueño. Con respeto, sus jugadores testimoniaron con admiración a esta figura que nos ha alegrado la vida. El Leganés, en un partido tan importante, vistió de Chiquito. Singular idea que recoge nuestro emocionado agradecimiento.

De entrada, el Málaga vistió de naranja cachorreña. Sí, de esa variedad que está por los suelos en nuestra ciudad. Y como el equipo también se encuentra en los bajos, coincidencia. Exactamente igual en la alineación. Los mismos de la jornada anterior, que significó la larga y esperada destitución de Míchel. Esto, al comienzo. Luego, a lo largo de 93 minutos, hubo relativa tranquilidad cara al marcador, pues a ratos daba la impresión de que Eibar y Málaga se habían intercambiado los papeles. Y no por juego brillante y profundo. Los azulgrana parecían colistas. Voy a resumir la jornada en apuntes. 1: Se pudo ganar. 75 minutos duró el 0-1 en el marcador. Terminó en empate (menos aceite da una berenjena). Y lo que no llegó, la derrota o victoria, se paseó por Ipurua tras el empate y los cambios. 2: Jose se puede sentir aliviado, no contento. 3: ¿Me pueden decir de qué juega Borja Bastón? 4: Mendilibar, minuto 56, metió a Orellana. Despertó el Eibar. Jose quitó a En-Nesyri cuatro minutos después y se equivocó. Y en el 84 relevó a Recio por Kuzmánovic… ¡La carada! 5: Aficionados malaguistas siguieron al equipo hasta Eibar. Sombrerazo.

En las últimas décadas el fútbol ha evolucionado una barbaridad. El marco reglamentario ha cambiado poco, pero en otros aspectos, como la vida misma, las innovaciones son tan sosegadas como espectaculares que no permite comparar con objetividad el juego que se practicaba en los 60 con el actual. Puede que aquel resultara más vistoso porque lo permitía la disposición de los futbolistas en el campo. Puede. Pero algo resulta incomparable entre una y otra etapa: la preparación, tanto física, primordial, como la técnica. Para que se hagan una idea, del vestuario al terreno de juego, el mando absoluto lo tenía el entrenador, que únicamente estaba rodeado por el médico (cuando iba al fútbol), el masajista y el personal ayudante como utileros, lavandería y encargado del terreno de juego. El míster asumía toda la responsabilidad en la preparación física, técnica, disciplinaria y hasta de fichajes. Alguno afortunado tenía un ayudante, que solia ser el responsable del filial. Nada de segundo entrenador, ni de preparador de porteros, ni un responsable o dos o tres del trabajo físico. Incluso el preparador se convertía en ojeador para seguir a un posible fichaje.

Y no digamos del confort o la comodidad en los campos de fútbol. Exceptuando a los de Primera –no todos– y algunos de Segunda, casi todos dejaban bastante que desear, con atención especial al césped. Una y otra resiembra, cortes y… O bien los pajarillos se comían las semillas o una jornada de fuerte lluvia dejaba el trabajo por los suelos. Otro apartado: los viajes. Casi todos los clubes de la máxima categoría tenían autocar propio. El del Málaga, de los cuarenta y tantos, se llamaba ‘El flecha azul’. Fue muy conocido en el primer ascenso. Renfe, en la postguerra y con trenes añosos y pasados, cubría pocas líneas, y la navegación aérea naciente tampoco cubría muchos aeropuertos. Había que recurrir a los autobuses. Los largos desplazamientos eran una pesada losa para la preparación. Si se jugaba en el norte, el viaje se iniciaba en la noche del jueves. Estaba programado que los sábados tenía que pernoctar donde iba a jugar el domingo. Durante los largos desplazamientos, los jugadores solían bajar en plena carretera para realizar ejercicios físicos al borde de la misma durante largo espacio de tiempo. Esta circunstancia creó problemas con los agentes de tráfico, multas incluidas por la peligrosidad que suponía trabajar en aquellos caminillos. Si se marchaban el jueves y volvían en la noche del lunes o martes, sólo podían entrenarse con normalidad cuando jugaban en casa. Hoy, vuelos chárter que te llevan el mismo día con regreso 3 o 4 horas después del partido. Así era en los 50 y parte de los 60.

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