ISCO SE EXTRAÑA

JOAQUÍN MARÍN D.

Volvió Isco a La Rosaleda como local. Pero ni llevaba una camiseta blanquiazul ni La Rosaleda ya es un estadio de Champions, como lo era la última vez que le cantamos un gol en vivo. Por ahora, y posiblemente para siempre, tendremos que conformarnos con animar a Isco cuando la selección nacional venga de nuevo a Málaga, esas migajas que cada cuatro años, más o menos, nos dan en forma de amistoso contra un exótico rival. El de Arroyo de la Miel dice que no se explica cómo se le tiene tanto cariño después de tanto tiempo. Es curiosa la concepción del tiempo que tienen estos jóvenes futbolistas: eso de lo que habla pasó, paro los que rondamos la cuarentena, anteayer. Y los que frisan el doble lo vivieron hace apenas un rato. Pero hay que entender a Isco; él ya ha vestido la camiseta del Real Madrid más tiempo que la del Málaga. ¿Que por qué se le tiene tanto cariño? Fácil, y va más allá de ser malagueño, de ser un superclase, e incluso de ser reconocido malaguista, como dice públicamente cada vez que se le pregunta. Es porque en Isco vemos el reflejo de la gloria pasada, de un equipo legendario para nuestra memoria. De una plantilla con una calidad y una tensión competitiva que posiblemente nunca se vuelva a juntar por estas tierras. No es Isco solamente. Son Baptista, Toulalan, Eliseu, Joaquín, Caballero, Maresca, Camacho, Iturra, Saviola, Gámez, Demichelis, Monreal, Pellegrini... Es un puro recuerdo de felicidad que empieza ya a imponerse al trauma inmortal de la noche de Dortmund. Es el orgullo pasado de cuando fuimos grandes de verdad, ya digo, anteayer, hace un rato. Tan cerca en el tiempo y tan lejos en el futuro. Isco se extraña, pero es muy joven. Ya madurará.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos