Jose no encuentra la fórmula

José González, enfadado con el desarrollo del choque el miércoles./Salvador Salas
José González, enfadado con el desarrollo del choque el miércoles. / Salvador Salas

Aferrado a su 4-4-2, el equipo no mejora defensivamente, sigue plano en ataque y sufre a balón parado

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

El ‘efecto Jose’ ni se ha notado. Sólo un espejismo en Eibar, favorecido además por el contrario (con una defensa excesivamente adelantada), y nada más. Definitivamente el entrenador gaditano no encuentra la fórmula para reflotar al Málaga. Aferrado a un sistema fijo pase lo que pase (el 4-4-2), el equipo no ha experimentado mejoría en defensa y ataque, pero además sufre más en las acciones de estrategia. No es cuestión sólo de resultados. El estilo, basado en el pelotazo, cansa a los aficionados e incluso ya es cuestionado en el propio vestuario.

Jose aterrizó en el Málaga con mucha ilusión, pero esta no se ha traducido en resultados. Y lo que es peor, da la impresión de que junto a los pocos mimbres que tiene –aunque más que el anterior entrenador– tampoco el gaditano encuentra la tecla en demasiados aspectos del juego. Además, la mala gestión en el lanzamiento del penalti en Bilbao (cuando En-Nesyri impuso su criterio por encima del fijado por el entrenador) y en la alineación y posterior cambio de Success el miércoles contra el Sevilla ha socavado claramente su imagen.

A veces los resultados no tienen una relación directa con las sensaciones. Sin embargo, a día de hoy sí sucede así. Y no sólo cara al exterior, sino también internamente. Ya en la etapa de Míchel los marcadores eran adversos, pero la mayoría de los jugadores sí creían en lo que se hacía, en una filosofía basada en el fútbol elaborado que permitiera compensar con más llegadas al área contraria la falta de equilibrio (por la falta de un medio centro ‘de verdad’), de desborde (por las carencias de los extremos) y de gol. Ahora la historia es distinta. Jose se ha enrocado en un sistema y, sobre todo, en un estilo que es cuestionado hasta en el vestuario. Se considera que con el balón en largo, con el pelotazo (el voleón, como se suele decir en Andalucía) la inferioridad respecto al rival es más que evidente porque es un juego demasiado previsible y que, según se argumenta, «apenas nos da frutos, como se está comprobando partido tras partido».

La gestión en el lanzamiento del penalti en Bilbao y sus decisiones con Success el miércoles han socavado su imagen

En ataque el Málaga es un equipo plano. Tanto fútbol directo ha restado todo protagonismo a los centrocampistas, que apenas intervienen en el juego y, como consecuencia, no se dejan ver en el área contraria porque sencillamente tienen que recorrer demasiados metros y en muy poco tiempo. Pese a la llegada de Ideye, que es incuestionablemente mejor que Borja Bastón en el trabajo para el equipo y para generar espacios, el equipo apenas crea ocasiones. De ahí que el bagaje goleador en estos siete partidos sea peor que en los últimos siete de Míchel (tres tantos frente a cuatro).

Defensivamente el Málaga tampoco ha experimentado mejoría. Con Jose el equipo sólo ha dejado la puerta a cero en casa frente al Girona y lleva encajados ocho goles, los mismos que con Míchel en la recta final del madrileño (en este último caso, tres fueron en el Bernabéu). Con uno u otro estilo, el cuadro blanquiazul ha encajado goles pronto (de Sergi Darder o Benzema en la etapa de Míchel, y de Griezmann, Correa o Susaeta en la actual), pero la fragilidad es más preocupante ahora porque el entrenador gaditano sí cuenta con un medio de contención de ciertas garantías, Iturra. Después de 17 partidos en los que sólo Adrián cumplió en esa función –tras los fiascos de Kuzmanovic y Rolón, ya en el ostracismo–, el anterior técnico utilizó al chileno nada más llegar y únicamente pudo alinearlo en dos encuentros, cuando además el ‘pivote’ estaba todavía bajo de forma.

Peor incluso con Iturra

Lo más preocupante es que con Iturra en su mejor momento el panorama parece haber empeorado. Míchel optaba por presionar arriba para mantener la pelota o al menos que no estuviera cerca de la portería del Málaga (así se sufría menos por la manifiesta debilidad de Kuzmanovic o Rolón) y también para tener más opciones de remate (así se compensaban las carencias en calidad, desborde y definición). Con Jose el equipo juega demasiado atrás. Dejar tantos metros permite crecer al rival, como pasó en Eibar en la segunda parte, en Las Palmas o Bilbao. Casi sin quererlo, Chory Castro sentenció el domingo tras el partido en San Mamés: «Después del gol regalamos la primera parte. Ellos se sienten muy cómodos centrando desde tres cuartos de campo». Y no siempre defender atrás y defender con muchos hombres implica defender bien. Los goles de Griezmann y Correa nacieron de un control muy cómodo de los rivales ‘entre líneas’.

Otro de los aspectos en los que no se atisba mejoría –más bien al contrario– es en la estrategia. Dejando al margen que el Málaga carece de lanzadores de nivel para sacar rédito en el aspecto ofensivo, es evidente que en la faceta defensiva deja bastante que desear. Y esto es, si cabe, más grave porque siempre se ha hablado de Jose como un especialista en este tipo de acciones. Frente al Valencia ni Ideye (este, en el primer palo) ni Lacen frenaron a Coquelin, contra el Athletic el encargado de vigilar al mejor especialista rival (San José) era Ideye, y el miércoles frente al Sevilla el árbitro anuló por error el 0-2 cuando el rematador estaba completamente solo en el segundo palo.

Otra cuestión es su sistema innegociable. En momentos puntuales de los siete partidos habría sido más conveniente recurrir a otro dibujo para tratar de buscar alternativas. Sin ir más lejos, en la recta final del encuentro del miércoles, cuando mantuvo a una pareja de medios centro de escaso juego (Iturra y Lacen) mientras apostaba por otro perfil de atacante, más de segunda línea, como Bueno. En cualquier caso, consideraciones técnico-tácticas al margen, fue muy elocuente la frase de Jose tras la derrota frente al Sevilla: «Ya me aburro a mí mismo». Seguramente un elevado porcentaje de los aficionados ya había hecho suyo tanto tedio...

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