Juan Ramón Muñiz: «Ir a Málaga y a La Rosaleda siempre es una alegría»

Muñiz posa en 2010 en una de sus zonas preferidas de Málaga, Guadalmar. /Salvador Salas
Muñiz posa en 2010 en una de sus zonas preferidas de Málaga, Guadalmar. / Salvador Salas

Muñiz, que ha batido récords en el Levante, recuerda con cariño sus tres años en el club: «Estar allí me hizo dejar muchos amigos y eso no se puede pagar»

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Cuenta que cuando estuvo en Ucrania, en el Dnipro, y llegaron las primeras vacaciones su mujer, que se quedó en Gijón con sus dos hijas, le dijo: «Lo mejor para ganar tiempo es que nos veamos a mitad de camino, en Málaga». Obviamente no era el punto equidistante, pero su respuesta fue afirmativa. «¿Cómo iba a decir que no si Málaga es como nuestra casa? Imagine la alegría de María y de las niñas cuando dije que sí». Juan Ramón Muñiz vuelve a La Rosaleda, «que también es como mi casa», siete años y medio después. «Es una sensación maravillosa, una alegría ir a Málaga y a La Rosaleda», confiesa el asturiano, hoy en el banquillo del Levante.

«No nos engañemos: de aquí al final los dos vamos a tener 15 o 20 finales; en la Liga no se puede celebrar ni lamentar nada hasta mayo», advierte

«Antes de empezar la temporada ya les dije a mis amigos que el objetivo era que el Levante y el Málaga ganaran todos los partidos, excepto, claro, los dos en que nos enfrentamos...». Muñiz sólo tiene palabras de agradecimiento cuando habla de su paso por el conjunto blanquiazul: «Más allá de que cumpliéramos los objetivos y de que me diera la oportunidad de entrenar de forma profesional por primera vez, estar en el Málaga me hizo tener muchos amigos, dentro y fuera del club, y eso no se puede pagar. Mantengo contacto asiduamente con muchos de los que siguen en el club y lógicamente va a ser una satisfacción ir allí, saludarlos, estar unas horas con ellos... aunque lógicamente la prioridad sea que el Levante gane», apunta.

José Carlos Pérez y María Urda

Dice Muñiz que echará de menos en La Rosaleda a dos personas, al fallecido José Carlos Pérez y a la anterior responsable de Protocolo, ya jubilada, María Urda. «Eran dos personas que estuvieron muy cercanas a nosotros en momentos muy difíciles, personas especiales en el club. José Carlos era siempre un apoyo, y María siempre estaba ahí dispuesta a echar horas. Eso no se olvida. Vivimos una etapa en la que nadie en el club miraba las horas que trabajaba. Sabíamos cuando llegábamos, pero no cuando salíamos. Y a veces incluso ni comíamos. Fue un momento muy complicado».

«En Semana Santa me quedo de Rodríguez; no me gusta perdérmela»

Muñiz, su mujer (María) y sus hijas (Érika y Aitana) vienen a Málaga cada vez que pueden. Es una tradición coger carretera y manta para venir aquí para pasar la Nochevieja. Como si fuera talismán para empezar el año. «Es difícil contar la ilusión de mis hijas cuando estamos llegando a Málaga. Mis hijas nacieron allí y la mayor, por ejemplo, siempre presume ante la familia de que ella es de Málaga. Y de María, ¿qué voy a decir? Aquellos momentos en Málaga fueron importantes como matrimonio. La familia se une más cuando los momentos no son agradables, pero también es que hicimos tantos amigos que nunca faltaban esas palabras de apoyo tan importantes». Y de aquella época recuerda especialmente la Semana Santa. «Si trabajo, no puedo estar allí. No me gusta perdérmela, y más cuando cada día me llaman María y las niñas para contarme sin parar cosas que han visto. Me tengo que quedar de rodríguez... Y no le digo nada el Jueves Santo. Ese día sólo existe el ‘Chiquito’. No se acuerdan de mí...»

Pese a las críticas de los aficionados en algunas fases –sobre todo la última temporada–, Muñiz hace un balance positivo de aquellas tres campañas: «Cuando Fernando (Sanz) confió en mí y cogí el equipo, la situación era muy difícil. Costó conseguir la permanencia. El equipo pasó por situaciones duras e incluso hubo gente apartada como Chengue Morales (por el ERE) que luego colaboró mucho. Recuerdo que comenzamos a preparar un equipo nuevo en febrero y que a los jugadores fichados les pusimos una cláusula por la que quedaban libres si no nos quedábamos en Segunda. Luego conseguimos el ascenso, pero me quedo con la satisfacción de que tras subir a Primera varios jugadores incluso fueron luego partícipes de la Champions y de la etapa más brillante del club. Quizá la gente no lo crea, pero del tercer año tengo grandes recuerdos porque la plantilla estuvo muy comprometida y conseguimos que gente del filial se hiciera un hueco. Cuando empieza una temporada nadie te dice que todo van a ser flores y sí sabes que habrá espinas y rosas. Pero mereció la pena tanto sufrimiento porque tuvimos en el grupo a Juanmi, Portillo, Iván, Javi López, Toribio...» El hoy entrenador del Levante prioriza también el aspecto personal al profesional: «Vivimos momentos tan complicados que lo que quedó fue una relación muy fuerte con los jugadores que se ha mantenido con el tiempo. Con Antonio Hidalgo, Iván Rosado, Nabil (Baha), Juanito...»

El disfrute de la Champions

Cuando se le pregunta por el Málaga actual, reflexiona sobre aquella temporada 2009-2010: «Los clubes pasan por épocas y etapas. Entonces el Málaga venía de hacer un año muy bueno con Antonio (Tapia). Suele pasar que se marchan jugadores importantes y que luego tienes que acertar en los recambios. Sobre la situación ahora es muy difícil valorar desde fuera. Al final cada año es diferente. Este equipo no es el mismo del año pasado ni será el mismo del año que viene. Igual que este Málaga es distinto al que disfrutamos en la Champions con Toulalan, Joaquín, Isco, Demichelis...» Precisamente al referirse al paso del equipo por la Liga de Campeones no puede ocultar la decepción por aquel desenlace en Dortmund: «Nos pilló en Ucrania y nos reuníamos todo el grupo (el cuerpo técnico). Veíamos el ambiente de La Rosaleda y sentíamos la felicidad de tantos amigos del club y también de los aficionados. Sinceramente, mucha gente, todos los que hemos pasado por el club en su historia, nos sentimos partícipes de aquello. Además, el Málaga se convirtió en el equipo de muchos españoles, y más tras un varapalo tan fuerte como el de Dortmund. Pasar de ver la celebración de Joaquín al equipo totalmente hundido fue frustrante».

Ahora llega con el Levante, con el que vivió un ascenso inolvidable: «Siempre digo que como entrenador he tenido mucha suerte. Desde el primer día me sentí muy arropado en Valencia. Después de vivir el ascenso en Málaga era muy consciente de la dificultad que suponía lograrlo otra vez. Sobre todo, cuando ya tienes 49 años... (ríe). Fue muy especial porque mis hijas son más mayores (tienen 14 y 12 años) y lo vivieron con intensidad. Además, vinieron amigos de Málaga precisamente para aquel partido, convencidos de que lo conseguiríamos. Tengo una foto aquella noche en la que estamos seis y tres son amigos de Málaga».

Llegar a 40 puntos

El partido de esta noche es crucial para el Málaga, y no tanto a priori para el Levante. Pero Muñiz no lo comparte: «No es un partido definitivo, pero sí importante para los dos. No nos engañemos: vamos a tener 15 o 20 finales de aquí al final. En la Liga no se puede celebrar ni lamentar nada hasta mayo. El Betis era el equipo revelación hace unas semanas y ahora se le cuestiona todo. El objetivo es llegar a los 40 puntos, así que no te puedes relajar un momento. Después del ascenso estamos centrados en consolidar al Levante para después de esa estabilidad pensar en otros retos más importantes. Y en este aspecto el club cuenta con ese ambiente necesario para crecer».

El último recuerdo de Muñiz debe de ser aquel «¡Muñiz, vete ya!» tras la consecución de la permanencia en 2010. Pero el asturiano quita hierro a aquello: «Las expectativas estuvieron por encima de la realidad, pero era un mensaje que nadie en el club podía mandar durante la temporada. Había que estar unidos. Ni pienso en aquello. Lo que me queda es que siempre que vengo a Málaga recibo el cariño de la gente y que yo mi familia nos sentimos malagueños. Lo demás no tiene importancia».

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