JUNTOS HASTA EL FINAL

JOAQUÍN MARÍN D.

El malaguismo parece haber despertado. Al fin. Empujado por la fuerza de los hechos, tan indiscutibles como el descenso del equipo a Segunda y el abandono al que le tiene sometido su propietario desde la lejana Catar. No sin tiempos de divisiones, ni de reproches. Tampoco de preguntarse si no será demasiado tarde, o si esto tendría que haber llegado antes. El malaguismo hereda, tal vez, la indolencia del ser malagueño. Ya saben, el pecado original de esta ciudad, un freno autoimpuesto, asumido, con denominación de origen, que igual se manifiesta en el fútbol que en la economía o la política. Nos ha parecido todo muy bien mientras la pelota ha entrado en la portería y hemos mantenido un estatus de equipo de Primera de media tabla. Eso ha bastado para satisfacer una ambición corta, casi inexistente, que no guarda relación con el potencial de Málaga como ciudad. Ahora asistimos a la despedida de la élite y todo son incógnitas: cuándo volveremos, cómo, con quién. O simplemente si volveremos. El malaguismo ha despertado y es una buena noticia. No está dispuesto a permitir que el desinterés, el abandono o la mediocridad sean quienes gobiernen este sentimiento. Para ello hay convocada una manifestación el próximo sábado, antes del partido contra el Getafe, que ha suscitado el apoyo de los principales grupos que se dan cita en La Rosaleda; y la Federación de Peñas Malaguistas ha solicitado a los abonados que entren en el estadio en la segunda mitad. Ambas iniciativas son dignas de alabar porque la crítica situación actual del Málaga es merecedora de protesta y castigo. Pero es conveniente saber diferenciar el rechazo al dueño o los jugadores de este año del daño al propio club, porque este permanecerá, y tenemos que estar juntos hasta el final. Sea cual sea.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos