LEEDS, RECUERDOS DE JUVENTUD

JOAQUÍN MARÍN D.

En un bar del Centro vi hace quince años uno de los partidos más emocionantes de la historia del Málaga. Era la Copa de la UEFA, pero no lo daba ningún canal español. Ni español ni andaluz, así que hubo que embutirse en un pub que sintonizaba Sky Channel. La paradoja: en un bar de Málaga se podía ver un canal inglés que daba en directo a un equipo inglés en una competición europea, pero no se podía ver un canal español que diera en directo a un equipo español porque a ninguno le interesaban ni un pimiento las andanzas del Málaga en su primera vez europea.

La cita era en Leeds, y el choque era la vuelta de los dieciseisavos de final. Pisaba el Málaga tierra inglesa con carita de cordero pero con dos lobos como Darío Silva y Dely Valdés en punta. Dos tipos que se podían comer por sí solos a semejante equipo de marrulleros. Con el Gato Romero en el centro del campo, que abriendo los brazos casi llegaba de banda a banda. Y con Sandro, el mago, que acabó con el rival cuando Peiró le ordenó salir del banquillo y dar una lección de fútbol a los inventores en su propia casa. Recuerdo que en ese bar, que hoy ya no existe, había gente subida a las columnas, literalmente sostenida en el aire. Gente sentada encima de gente sentada encima de otra gente. Imaginen, no existían las redes sociales, los móviles no tenían conexión a internet y en las casas particulares no se podía ver el partido. Todos los malaguistas estábamos apretujados en contados bares. El Málaga ganó 1-2, se clasificó, fuimos felices. La gente se abrazaba a las farolas y con desconocidos. Éramos más jóvenes, más entusiastas. Probamos la miel del triunfo europeo.

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