El Málaga al que aspira Muñiz

Muñiz, en una imagen muy gráfica, pide a los jugadores que las líneas estén más juntas. /Efe
Muñiz, en una imagen muy gráfica, pide a los jugadores que las líneas estén más juntas. / Efe

Considera prioritario comenzar la pretemporada sin los jugadores que no cuentan y mantendrá su apuesta por un estilo basado en la solidez y el equilibrio

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

«Juan Ramón tiene las ideas muy claras». Antonio Benítez siempre ha sido un gran defensor de Muñiz, el nuevo entrenador del Málaga. Quizá porque convivió con él muchísimas horas durante el mal trago del proceso concursal o porque siempre fue un consejero para el asturiano. A estas alturas no es muy difícil –y menos aún por estos pagos– intuir cuál va a ser el estilo del técnico en esta nueva aventura en La Rosaleda, pero de salida parte con una filosofía definida para buscar el ascenso inmediato a Primera.

Para Muñiz es prioritario empezar el trabajo el 9 de julio sin los jugadores que no cuentan –y en eso está metido de lleno el director deportivo, José Luis Pérez Caminero– o transmitir a la plantilla unas pautas estrictas en el trabajo. Pero también busca con la preparación contar con un equipo equilibrado, eficaz en casa, contundente atrás, que rentabilice la estrategia... En definitiva, repetir el éxito del Levante hace dos años. Este es el Málaga al que aspira Muñiz.

Plantilla resuelta

Al nuevo entrenador malaguista le gusta empezar la pretemporada con los deberes hechos, con todo bien atado. Hace dos años, cuando fichó por el Levante, fue claro: no quería que en el comienzo del trabajo estuvieran aquellos jugadores con los que no contaba. Considera que así sólo se prolongan los problemas. Ese es un punto que ha trasladado los últimos meses a los distintos interlocutores en el Málaga, el último de ellos Caminero. En 2007, por ejemplo, se cerraron días antes del arranque de la preparación las cesiones de Gascón y Alcalá, y apenas jornadas después las salidas de Ernesto, Stosic y Popo.

Directrices muy claras

Si algo destacan de Muñiz aquellos jugadores que han coincidido con él es el manejo del grupo. Le gusta tener una reunión con la plantilla antes del primer día de trabajo. En ella marca las directrices para la temporada. Por encima de todo, quiere buen ambiente en el grupo y en el trabajo, pero el asturiano hace una clara distinción entre el entrenamiento y el resto de la convivencia. Le gusta un trato directo, sin rodeos, para que no haya malentendidos. Y un último mensaje: «La clave está en marzo. Ahí hay que llegar bien, porque los resultados de ese mes o te meten en la pelea o te alejan».

Pocas concesiones atrás

Suele decir Muñiz (como muchos otros entrenadores)que el equipo de Segunda División que encaja goles con facilidad tiene poco futuro. En esta categoría también los resultados dan confianza, pero mucho más si un equipo mantiene con frecuencia la portería a cero. Esa solidez tiene un efecto psicológico cara al rival, porque este de antemano asume las dificultades. Hace dos años el Levante, dirigido por el asturiano, no encajó goles en casi la mitad de los partidos (19). Claro que eso conlleva asumir menos riesgos en ataque, lo que también puede desembocar en quejas de los aficionados. Y ya se sabe: si los resultados no acompañan...

El factor campo, decisivo

Hace veinte años Joaquín Peiró solía hablar de la 'media inglesa' para lograr el objetivo de ascender a Primera; es decir, sumar cuatro puntos cada dos jornadas. Y para ello incidía en la importancia de no fallar en los encuentros casa. Muñiz comparte esa teoría: para ascender, es tan crucial encajar pocos goles y ser un equipo compacto como sumar muchos puntos como local. En el Levante batió un récord: 17 victorias, tres empates y una sola derrota (en un partido en la última jornada, ya ascendidos). Estar bien armados y tener variantes en ataque serán dos pilares en La Rosaleda.

El valor de las bandas

Para Muñiz es vital que sus equipos tengan equilibrio en las bandas. Cabe recordar la confección de la plantilla en 2007: Jesús Gámez, Raúl Gaitán, Rossato y Valcarce, como laterales, y Paulo Jorge, Cheli, Calleja y Eliseu, como extremos. Al final, incluso, Paulo Jorge y Calleja actuaron como laterales. En el Levante se repitió la historia en Segunda, con duelos interesantes en algunas zonas (por ejemplo, Toño y Abraham en el lateral izquierdo). Le gusta que los futbolistas de banda estén tan mentalizados para ser titulares y jugar una hora como para echar una mano durante los últimos veinte minutos.

Eso sí, los extremos también deben acompañar en el trabajo de contención y en la presión.

Un portero sobrio

Si un portero quiere brillar en Segunda debe tener, sobre todo, buen manejo con los pies y solvencia en el juego aéreo. Después están otros factores, como los reflejos, la personalidad, la concentración... Pero a Muñiz le gustan ante todo los porteros sobrios. Ahí están los ejemplos cuando él ha tenido voz y voto: aquí contó con Arnau y Goitia, de pocos efectos cara a la galería, y en el Alcorcón apostó por un desconocido, Dmitrovic, que llamaba muy poco la atención y que ha acabado como titular indiscutible en el Eibar y es suplente en el Mundial con Serbia. Por ahí irán los tiros en el cancerbero que venga a reforzar el equipo. Cabe recordar que en 2010, cuando salió del club a raíz de la llegada del jeque, tenía apalabrado el fichaje de Caballero.

El asturiano considera fundamental manejar bien el juego aéreo, en defensa y en la medular

Hace dos temporadas el Levante dejó su puerta a cero casi en la mitad de los encuentros

Control del juego aéreo

La contundencia es otro aspecto fundamental para Muñiz. En sus equipos la pareja de centrales ha destacado siempre por no andarse con chiquitas (Hélder Rosário-Weligton, en aquel Málaga triunfal en Segunda, o Postigo-Chema, la temporada del ascenso del Levante). Pero para el asturiano es imprescindible que esté bien controlado el juego aéreo. En Segunda predominan los centros laterales, los pelotazos, la búsqueda de opciones en el rechace para un segundo remate... Estar a cubierto en este tipo de jugadas da muchos puntos en la categoría. Ahí se centrará el trabajo con la cobertura desde los primeros días.

'Pivotes' de buen físico

Suele decir Muñiz a sus jugadores que en Segunda «los balones pasan como aviones por el centro del campo». Por eso apuesta por medios centro de buen físico. No tienen por qué ser necesariamente fuertes y corpulentos, sino con buen juego aéreo y despliegue. Por ejemplo, apostó en el Alcorcón y luego en el Levante por un futbolista como Campaña, más creativo pero que no desentonaba en el trabajo (como hizo con Apoño en el Málaga). Para el asturiano es importante tener juego en el centro del campo, aunque siempre supeditado a que esa pieza también aporte equilibrio.

La estrategia, crucial

En el diseño de la plantilla que tienen Caminero y Muñiz en sus respectivas cabezas se tiene muy en cuenta el valor de la estrategia. Tanto en el aspecto defensivo como en el ofensivo. El control del juego aéreo va muy ligado a este punto, aunque en ataque se requiere contar con especialistas. Por ejemplo, un buen lanzador puede desnivelar un partido trabado (el Deportivo ya ha fichado a Pedro, del Granada).

Un '9' y otras alternativas

La Segunda División se resume en una máxima: dominar las áreas. Igual que un equipo que encaja goles con frecuencia pasa muchos apuros, uno que carece de capacidad realizadora raras veces puede optar a estar en el grupo de cabeza. De ahí que el éxito del Málaga vaya a depender del acierto en la elección de un delantero centro. Pero a Muñiz le gusta también contar con otros perfiles. En aquel equipo de la temporada 2007-2008 el asturiano tenía jugadores muy distintos: Salva, Baha, Peragón e Iván Rosado. Y en la recta final, debido a la lesión de Salva y la baja forma de Peragón e Iván Rosado, optó por situar a Hidalgo por detrás de Baha –aunque ambos arrastraban problemas físicos– para aprovechar la llegada del '8'. Lo hizo también porque en la medular estaban Carpintero y Apoño, que permitían no perder el equilibrio. Al final todo el librillo de Muñiz está encaminado a ese objetivo, lo que no siempre recibe el respaldo de la grada.

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