EL MÁLAGA, PESADILLA PERFECTA

JOAQUÍN MARÍN D.

Como las muñecas matrioskas, ese juguete tradicional ruso que consiste en meter una figura más pequeña dentro de otra más grande, todas iguales salvo por el tamaño. Así son los problemas en el Málaga: uno pequeño se mete dentro de otro más grande; y esos dos, sumados, se introducen en una carcasa mayor, un asunto de gravedad superior. Y así sucesivamente hasta tener un problema enorme, obsceno, casi imposible de manejar, como lo que nos encontramos ahora. Hagan la cuenta: a un paso de Segunda División y sin garantías de proyecto de ascenso el año que viene; un propietario-presidente al que esto le importa una higa, o higa y media; unos hijos del propietario-presidente dignos herederos de su padre en lo que respecta a interés y amor por el club; un litigio judicial en el que una empresa hotelera reivindica la gestión y casi la mitad de la propiedad de la entidad tras haber abonado un euro, sí, un euro.

Si fuera una pesadilla sería perfecta, pero es la cruda realidad, así que es aún peor. Y ojo, que no se acaba aquí. También hay un director deportivo repescado por el jeque tras haberlo echado hace bien poco que ha hecho un desastre de planificación en el mercado de invierno; un entrenador que se conforma con que los rivales sufran un poquito para justificar su trabajo; una plantilla con sueldos de Champions pero con nivel de Segunda; un tope salarial ya comprometido para el año que viene en el pozo; y un discurso mentiroso sobre la supuesta riqueza económica que aportará el seguro por descenso de LaLiga, que ya sabemos cómo se diluyen los millones en las cuentas aquí. Todo esto es el Málaga, pero no se preocupen: no pasa nada. Seremos 'un modelo en Europa'. Ya.

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