El Málaga resucita a tiempo (2-1)

Recio celebra el gol con Chory Castro agarrándolo y En-Nesyri detrás/Ñito Salas
Recio celebra el gol con Chory Castro agarrándolo y En-Nesyri detrás / Ñito Salas

Logra ante el Celta el primer triunfo de la temporada en un partido difícil gracias al gran sacrificio del equipo y al apoyo constante de una afición espectacular

Antonio Góngora
ANTONIO GÓNGORA

La afición sí puede ser decisiva, sobre todo si esta es de Champions. Eso le ocurrió anoche al Málaga, que encontró el final del túnel y se apuntó un triunfo vital para resucitar tras una dinámica negativa que comenzaba a ser angustiosa. Y le costó mucho al conjunto blanquiazul conseguir la primera victoria de la temporada, en la décima jornada de Liga, frente a un Celta fuerte y muy peligroso.

Resurgió el Málaga y salió con un sacrificio espectacular del pozo de la última plaza de la clasificación, igual que también lo hicieron algunos de sus futbolistas en un ambiente con pocos precedentes en La Rosaleda. El público fue decisivo antes y durante el choque, ya que acompañó en todo momento a su equipo en busca de un triunfo que le permite cambiar el rumbo, comenzar una buena dinámica después de unos meses terribles, sin respuesta y colista del campeonato en las últimas semanas.

2 Málaga

Roberto; Rosales, Luis Hernández, Baysse, Juan Carlos; Keko (Ontiveros, m. 79), Recio, Adrián, 'Chory' Castro (Rolón, m. 90); Juanpi (En-Nesyri, m. 74) y Peñaranda.

1 Celta de Vigo

Rubén Blanco; Hugo Mallo (Guidetti, m. 83), Sergi Gómez, Cabral, Jony; Wass, Pablo Hernández, Lobotka (Jozabed, m. 79), Pione Sisto; Maxi Gómez e Iago Aspas.

goles:
1-0, M. 46: Adrián. 1-1, M. 75: Iago Aspas. 2-1, M: 82: Recio (p)
árbitro:
Arbitro: Jaime Latre (Colegio Aragónes). Mostró tarjeta amarilla a los malaguistas Luis Hernández (m. 33) y 'Chory' Castro (m. 56), y a los futbolistas del Celta Hugo Mallo (m. 14), Cabral (m. 82) e Iago Aspas (m. 90).
incidencias:
Partido correspondiente a la décima jornada de Liga de Primera División diputado en el estadio de La Rosaleda ante 25.000 espectadores. Los aficionados portaron cartulinas negras en protesta por los arbitrajes

El equipo blanquiazul hizo méritos en el primer tiempo para adelantarse con claridad en el marcador, pero el acierto no estuvo con los malaguistas, que sólo pudieron marcar un gol por medio de Adrián. Al final llegó el empate de Iago Aspas con un golpeo de cabeza o con alguna otra parte de su cuerpo realmente extraño. Pero Recio dejó las cosas en su sitio con un tanto de penalti que hacía estallar al estadio de Martiricos.

Míchel apostó por un once previsible, pero plagado de novedades por distintas causas. El técnico, poco a poco, ha ido rehabilitando a jugadores con los que no contaba, como Peñaranda o Chory Castro, ya que el nivel de ambos ya está por encima de otros que dispusieron de numerosas ocasiones, incluso alguno de los fichajes. Se quedó fuera Borja Bastón y el entrenador madrileño finalmente utilizó a dos medios centro claros en un sistema que quizás se adapta mejor a los hombres disponibles y a las circunstancias de un conjunto con múltiples necesidades y en plena dinámica negativa. Y fue otro Málaga desde el primer instante.

Buen arranque

Sin apreciarse la temida ansiedad, los primeros veinte minutos fueron de un dominio abrumador de los blanquiazules, sobre todo por las ocasiones. Con más ritmo, intensidad, ambición y profundidad, el Málaga ofrecía una convicción aplastante ante sus aficionados, algo que no había ocurrido en la actual temporada. Las oportunidades llegaban una tras otra por medio de Juanpi, Adrián, Keko o Peñaranda, este en varias ocasiones.

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La posesión era para el Celta, pero el equipo malagueño estaba cómodo en esta situación. El peligro visitante estaba siendo casi inexistente, mientras que los locales mantenían un permanente acoso a la meta de Rubén. Pero la pegada flaqueaba en el ataque blanquiazul, lo que le impedía adelantarse en el marcador, algo que merecía sobradamente.

El clásico 4-4-2 utilizado de entrada por Míchel permitía al Málaga jugar con sus líneas más juntas. Además, los futbolistas estaban ofreciendo su mejor versión. La pareja Recio-Adrián sí cumplía con la deseada contención, aunque ninguno de los dos sea un claro ‘pivote’, mientras que los extremos y el delantero funcionaron al máximo nivel. Tras una fase de tranquilidad, el Málaga volvió a la carga para marcharse al descanso por delante en el marcador, y lo consiguió: marcó Adrián de cabeza tras una larga jugada con varias ocasiones y una ‘chilena’ de Baysse que se estrelló en el larguero. El tanto hacía justicia.

Pero en la reanudación cambió poco a poco la decoración. El Málaga ya no era tan intenso y el Celta comenzaba a desplegarse sobre el campo, adelantando sus líneas y aprovechando las virtudes de sus jugadores de calidad. El equipo de Míchel comenzó a perder fuelle y ya reducía casi todo su potencial a la sorpresa. Y esa mejoría visitante le dio sus frutos en la fase final del choque con un gol de Iago Aspas que llevaba la desolación a La Rosaleda, que estaba siendo clave para mantener alto el ánimo.

Los peores fantasmas empezaban a rondar en la mente de más de uno. El equipo de Míchel ya no era el mismo, el Celta no sólo tenía la posesión, sino que dominaba y se aproximaba con peligro una y otra vez. Pero la gran primera parte seguía teniendo una inercia positiva en el conjunto blanquiazul, que en uno de los contraataques posteriores sacó petróleo en un lanzamiento de En-Nesyri que golpeó claramente en la mano de Cabral. Y allí apareció Recio, con la tensión por las nubes, para lanzar y convertir un tanto de oro. No era nada fácil.

Y luego quedaba esperar y aguantar hasta el final. Y la tuvo muy clara Maxi Gómez, pero Roberto salvó a su equipo con un paradón tras un disparo a bocajarro. Esa fue la última y el Málaga, al fin, ganó un partido.

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