Málaga tampoco reacciona

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Apenas medio centenar de personas acudieron al llamamiento de los pequeños accionistas el pasado viernes. Ni siquiera los que se han asociado, aunque cuenten con un solo título. Menos incluso de los que iban a aquellas tediosas e interminables asambleas del Club Deportivo Málaga en su sala de trofeos. Tengo muchos amigos que emplean con frecuencia la expresión 'la Málaga futbolística' y siempre les expongo que eso es algo inexistente. Después de 30 años en el día a día del equipo creo que tengo argumentos suficientes para asegurar que tampoco existe un grupo de empresarios o un núcleo de peso dispuestos a hacerse con la entidad. Y cuando lo hicieron tres de postín (Beltrán, Puche y Padilla) estuvieron más cuestionados que Serafín Roldán, que por aquí venía a pasearse y a decir tonterías. Sí, ya sé que me dirán que Málaga es Málaga y que los malagueños somos así, que la indolencia está enraizada en nuestra idiosincrasia, que somos una 'madrastra' para lo nuestro. Pero no me negarán que es desalentador que se intente movilizar al malaguismo ante la deriva del club y de sus propietarios y que no haya ni rastro ni de la Federación de Peñas (bueno, en realidad todavía esperamos algún comunicado de este colectivo una vez consumado el descenso) ni de los grupos de aficionados mayoritarios (ahora agrupados en el Fondo Sur). Desde luego, el viernes fue sintomático: el jeque arremetió contra el economista Daniel Pastor, que paradójicamente es el patrocinador del Málaga femenino (no sé qué pensará Hamyan Al-Thani de la actitud de su padre), y los pequeños accionistas hicieron una serie de reclamaciones (todas muy válidas e interesantes) cuando cuatro meses habían dado el visto bueno a las cuentas de la entidad. La casa de los líos. ¿Acaso se puede pretender que con un puñado de cánticos en La Rosaleda cada quince días los Al-Thani, que ni siquiera van al estadio, van a sentir la más mínima preocupación? Esperar una reacción del presidente cuando ni siquiera se produce la más mínima en el malaguismo es una utopía. Así de simple y así de triste. Luego no vale lamentarse.

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