MALDITA RESIGNACIÓN

Antonio Góngora
ANTONIO GÓNGORA

Nadie se siente optimista ahora entre los malaguistas (los aficionados, el club y la plantilla), pero tampoco se pueden rendir a falta de dieciséis jornadas, 48 puntos en juego. La clave siempre estará en reaccionar a tiempo, en que el equipo sea capaz de entrar en el camino de la regularidad para intentar que las distancias se vayan acortando poco a poco. Pero es verdad que se va agotando la esperanza después de que el cuadro blanquiazul haya desaprovechado oportunidades excelentes para acortar distancias, para completar una trayectoria más eficaz que la de sus rivales directos. El gran problema ahora, sin embargo, se centra en que la resignación está llegando a todos los sectores de una forma progresiva y cada vez más sólida, consistente.

No es raro encontrarse inmerso en conversaciones en las que ya se da por hecho que el Málaga descenderá, que no existe ninguna solución. Y el contagio realmente es fácil siendo el 'farolillo rojo', y cada vez más descolgado. Además, los mensajes que se transmiten desde dentro tampoco animan demasiado. Tras la triste derrota de Las Palmas, por ejemplo, algunos protagonistas ya utilizaron la tenebrosa frase de «mientras las matemáticas lo permitan...». Un clásico que define las misiones imposibles. Utopías. La resignación continúa impregnándolo todo cuando hace muy poco que se ha superado el ecuador de la temporada.

Las estadísticas son contundentes y van en contra del Málaga. Nadie se salvó con tan pocos puntos a estas alturas. Todo está ya en contra. Algunos trabajan en un plan basado en el descenso, y se conoce. Pueden ser gestos de profesionalidad, pero también mensajes, advertencias... Jose, igualmente, no ha sido el revulsivo que él mismo pretendía, por lo que la vía elegida para la salvación es la dura, la que todavía sigue en el aire, en suspenso. Es difícil reaccionar ahora, en los dos próximos partidos (ante el Atlético y el Valencia el casa), pero no queda otra que echar el resto desde el campo y la grada. El conformismo no puede vencer. Maldita resignación.

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