Martín Aguilar, sin consuelo: los Al-Thani, sin dar la cara

Martín Aguilar, sin consuelo: los Al-Thani, sin dar la cara

Hundido, el consejero consultivo representó la frustración, la rabia y la decepción del malaguismo. De la familia propietaria no hubo noticias. No sólo no viajaron, sino que ni siquiera recibieron al equipo

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Fueron lágrimas de frustración, de desengaño, de rabia, de decepción... La imagen del descenso del Málaga no son esta vez las lágrimas de los jugadores. Nadie como Paco Martín Aguilar –porque nadie lo conoce como Francisco–, alma del Málaga y el representante del club más querido en toda España, para ejemplificar la desazón que sacudió al malaguismo cuando el descenso ya era un hecho. El consejero consultivo, tristón todo el día como uno no recuerda en más de 30 años, rompió a llorar sin consuelo en el palco del Ciutat de Valencia y luego en el autobús mientras el presidente del Levante, Quico Catalán, lo arropaba. Las lágrimas no sólo eran suyas, sino las de los 'pichitas', los 'fisios', los empleados, los aficionados y hasta el conductor del autobús (el exjugador Angelo). Pero, ¿y los propietarios? Escondidos, asustados, desaparecidos, ausentes... Ni el más mínimo rastro de ellos.

En una noche tan dura para el Málaga y para el malaguismo fue lamentable la orfandad del equipo, el abandono por parte de la familia Al-Thani. Ya no es sólo que ni se dignaran a viajar –el padre no tiene pensado volver de Catar y los hijos no están para 'madrugar' (el viaje de ida esta vez era a las 11.15 de la mañana)–; es que ni aparecieron por el aeropuerto para recibir al grupo. No hace mucho que el presidente o alguno de sus vástagos se dejaban ver a la una o las dos de la mañana para hacerse la foto de rigor y 'vender el producto' en las redes sociales para satisfacción de todos sus aduladores.

Otra vez en casa

Esta vez, probablemente por miedo a los reproches de aficionados que pudieran estar en el aeropuerto –que no hubo, prueba inequívoca del hastío general–, no se movieron de sus domicilios. Como el domingo pasado, frente al Madrid. Y, salvo milagro, como mañana ante la Real. Tampoco la hora acompaña porque las sobremesas suelen ser largas para ellos y el encuentro arranca a las 16.15 horas. Y encima ya no está en el club Moayad Shatat para llamarlo por el móvil y pedirle que retrase el comienzo porque no llegan a tiempo... Los Al-Thani no son, obviamente, el malaguismo, sino muchos como Martín Aguilar. Ya nadie lo recuerda, pero a comienzos de la pasada temporada el consejero consultivo no viajaba porque sí lo hacían casi todos los Al-Thani. Por ejemplo, para el partido en el Camp Nou se desplazaron el jeque y cuatro hijos, entre estos las dos féminas (nunca lo hace uno de los consejeros, Rakan, al que el Málaga ni le va ni le viene, salvo para pedir dinero).

El viaje a Valencia estuvo marcado por las caras largas y el silencio. En la ida y en la vuelta. Muy pocas sonrisas y además, por las circunstancias, más tiempo para la reflexión personal. En esta ocasión el avión no era el chárter habitual con las plazas justas, sino otro más grande, de tal forma que los futbolistas podían ir espaciados.

Al regreso se palpaba la tensión por el desenlace. El asesor jurídico, Joaquín Jofre; el director deportivo, Mario Armando Husillos, y el exjugador Basti, que últimamente ha formado parte de la expedición por algunos achaques de Ben Barek, estaban bajo mínimos en el autobús que condujo al grupo de la terminal de Manises al avión, pero muy especialmente en el que recogió a la expedición una vez se produjo el aterrizaje en Málaga. El silencio era sepulcral.

Ni un ruido. Ni en el avión ni en los autobuses ni en los dos aeropuertos. Fue complicado digerir el descenso a Segunda, más incluso en un desenlace tan cruel, en la última jugada y tras una de las actuaciones más dignas del equipo. Pero esta vez la imagen no fueron las lágrimas de los jugadores en el campo, sino el desconsolado llanto de Martín Aguilar. Él sí representa al malaguismo. De los Al-Thani no hubo, una vez más, el más mínimo rastro. Ni en Valencia ni en el aeropuerto de Málaga ni, tampoco, en las redes sociales. Tiempo les sobró desde que se consumó a las 23.20 la fatídica noticia. Pero a estas alturas ya ni hace falta que estén. Aunque abandonado, el Málaga trata de seguir caminando.

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