Míchel centra y arnau remata

Secreto de sumario

Cada uno asume su rol: el técnico, con más empatía, se encarga de llegar al jugador, y el director deportivo lo aprovecha para apretar en las negociaciones

Poco a poco el Málaga va puliendo detalles en algunas negociaciones. Ya contábamos semanas atrás en este periódico que el director deportivo, Francesc Arnau, y el entrenador, Míchel, van de la mano. Las decisiones se toman en consenso absoluto y, lo más importante, resultan llamativos los elogios que hacen uno del otro en privado. Y no es una pose, sino una declaración sincera. Probablemente sea porque en lo que respecta a las altas Míchel centra y Arnau remata...

Meré y Borja Bastón, dos objetivos muy cercanos al Málaga, hace dos temporadas / Juan Herrero

Míchel y Arnau no se conocían, así que hay que darle más importancia, si cabe, al ‘feeling’ que tienen. Los primeros tiempos fueron como de tanteo. El entrenador malaguista siempre fue un tipo que despertó (que despierta) filias y fobias. Muchas veces es demasiado sincero y, sobre todo, nunca es políticamente correcto. Pero hubo un momento en que el director deportivo vio que en el día a día iba a ser una persona importantísima para él porque iba a descargarlo de responsabilidad y presión. Fue con motivo de la primera entrevista del madrileño, con este periódico a finales de marzo, cuando lanzó varias advertencias a varios jugadores y puso en su sitio a unos pocos.

Hasta el más mínimo detalle

Desde entonces, ambos han conversado siempre con absoluta sinceridad, ya sea de la marcha del primer equipo, del rendimiento de un futbolista o de algún aspecto del club. Pero la comunicación fluida de verdad ha llegado en este mercado veraniego. Arnau se comprometió con Míchel a contarle hasta el más mínimo detalle de cualquier negociación, fuera cual fuera la hora y tuviera la importancia que tuviera.

Cada uno ha asumido a la perfección su rol. En contra de lo que sucede habitualmente en la relación entrenador-director deportivo, Arnau no tiene a Míchel como un rival, sino como un aliado y, sobre todo, como un activo importantísimo. Entiende que no todos los clubes cuentan con un entrenador con su experiencia, con su conocimiento del mercado y, por supuesto, con su capacidad como interlocutor. Es decir, por su persuasión. En cierto modo viene a tener la importancia capital que suponía para el Málaga la presencia en su momento de Manuel Pellegrini.

Esa virtud de Míchel de conectar con los posibles objetivos gracias a su empatía ha sido fundamental. El madrileño habla personalmente con todos ellos y les expone su convicción de que serán piezas importantes. No nos engañemos: Míchel tiene un nombre importante en el fútbol español y sabe que debe aprovecharlo. Roberto no habría cedido (y esperado) tanto de no estar el técnico madrileño por medio. Y qué decir de Borja Bastón, al que ya conocía bien y que no ha escuchado otra propuesta que no sea la del Málaga. Ode Meré, al que le ha apretado ya un par de veces para que se decida pronto. Algo similar ocurrió con Sandro semanas antes de que finalizara la Liga (cuando Míchel fue muy optimista), pero es evidente que las aspiraciones deportivas del canario pesaban demasiado en la balanza.

Arnau ha sabido asumir su rol. Él es más persona de ‘pico y pala’; es decir, de conversar y negociar. Y sobre todo ha sabido asumir que para conectar con el futbolista es más importante la figura de Míchel. Él, como director deportivo, puede llegar, pero no tanto como el técnico. Quizá esa sea otra de las razones de la cordialidad en la relación entre las dos principales patas de la parcela deportiva del Málaga.

Míchel, por su parte, no cesa de elogiar a Arnau ante sus más cercanos porque valora su capacidad de trabajo y su honestidad. El entrenador también ha asumido que la decisión final debe corresponder al director deportivo, porque al fin y al cabo es la cabeza visible ante los propietarios desde el punto deportivo, pero agradece que la colaboración mutua sea tan constante. Cada uno sabe interpretar su papel en cada partido diario en las negociaciones: Míchel conecta con el jugador (como durante su trayectoria, se encarga de centrar) para que Arnau se encargue de rematar todos los detalles para culminar la operación.

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