¿Míchel, el culpable? ¿o el que vende, vende y no gasta?

Míchel se dirige sonriente a felicitar a sus jugadores tras el encuentro frente al Athletic. / Ñito Salas
Las cosas de Cañete

Mucho se insinuó sobre que Al-Thani podía dejar de confiar en el entrenador en caso de resultado negativo. Enseguida me nublaba un interrogante: y del presidente, ¿quién se fía?

PACO CAÑETE

Del Málaga-Athletic he sacado una serie de apuntes. Antes del partido, menos en La Rosaleda, Míchel era el protagonista cuestionado. Desde cualquier medio saltaba la misma afirmación: se la juega. Me daba coraje, es la verdad. ¿Míchel, el culpable? Más. Incluso se insinuó ante muchos micrófonos, y en letra impresa, que Al-Thani podía dejar de confiar en el madrileño. Enseguida me nublaba una interrogante: y del presidente, ¿quién se fía? Otra nota prepartido: la afición. De sombrerazo. Recibimiento a lo campeón. Actitud que mantuvo a lo largo de los noventa y tantos minutos del choque.

Vamos al partido. El Málaga vestía su uniforme blanquiazul. ¡Vaya!... Una semana antes, frente a los rojiblancos de Madrid, sacó una camiseta de triste color, con unos leones impresos. Me acordé del popular ‘Gafas de Málaga’ cuando ‘radiaba’ sus partidos y decía que uno de los equipos vestía camiseta color agua caliente. Continúo. Poco después de la media hora de juego, Rolan, un buen fichaje como se presentía, empató. Y cuando todo era decepción, el uruguayo volvió a marcar y se convirtió en la figura del partido. Lástima que aquí esté de prestado hasta junio. El ‘Depor’ lo ha adquirido en propiedad. ¿Que el equipo coruñés haya pisado esta adquisición? La releche. Hubiera sido uno de los grandes, normal. Pero el club gallego… ¿Culpamos a Míchel o al que vende, vende y vende y no gasta?

Dicen que en la experiencia de la vida hay más de 250 emociones y sentimientos. No sé, pero el sábado, en La Rosaleda, se vivió un buen número. De estar abatido, abrumado por el 1-3 y con diez jugadores, en pocos minutos se pasó al alborozo, a la alegría. De la contrariedad al consuelo, del enojo al entusiasmo, del enfado a la euforia, del fracaso a la felicidad, del rechazo a la actuación arbitral al regocijo por el empate… Podíamos continuar. No hace falta. Usted –sí, usted, querido lector– vivió esos instantes que ya son inolvidables. Entre los minutos 80 y 83 de partido, los que no se habían marchado del campo, todos a una fueron felices. El Málaga, sin ganar el partido, logró una satisfacción para sus seguidores. Como si hubiera alcanzado el campeonato. Emoción y sentimiento en un deporte de masas llamado fútbol y que está al alcance de todas las clases sociales.

La jugada más discutida del partido se produjo con ocasión del segundo gol visitante. Kuzmanovic tenía el balón controlado, le entra Muniain y se lo arrebata. Nuestro centrocampista se desestabiliza. El campo a coro denunció la falta, pero el internacional serbio, subido de tono, lo hizo por su cuenta. Se pasó en protestas ante las narices del árbitro, que lo mandó a paseo. Del Cerro se equivocó y Kuzmanovic también. La profesionalidad se demuestra en esos momentos y él no es un neófito. A continuación llegó el 1-3, y a partir del 80, la locura. El Málaga igualó con diez elementos y hasta pudo ganar. Con Rolan de director, bien acompañado por Recio, Borja y Juan Carlos. El campo de Martiricos se convirtió en lo que se convirtió.

La valoración del plantel blanquiazul está más que vista. En el Wanda Metropolitano, jugando atrás, la defensa bien arropada, aprobó. En Valencia, en cuanto el equipo se estiró buscando el triunfo, la retaguardia falló estrepitosamente. Míchel, que no es nuevo en el oficio, trata, intenta, pretende dar el equilibrio y la coordinación. En el centro del campo cuenta hoy con un Recio que me recuerda a Camacho en despliegue de facultades, amor propio, que va a por todas arriba y abajo. Le acompaña (es un decir) Kuzmanovic. Repito que es un buen elemento con buena técnica y toque, pero más lento que el caballo de un retratista antiguo. Antes de la polémica jugada, le habían robado el balón en dos ocasiones cuando lo tenía controlado y se paraba. En partidos pasados, exactamente igual. Mula, bien, aunque irregular en sus intervenciones. Arriba, con Rolan y Borja Bastón, parece que la decoración cambia. A ver si entra en juego algún elemento en la zona ancha para los envíos. La defensa, asignatura pendiente. Y urgente. Ni me agrada ni voy a comparar este plantel con el de la temporada pasada. ¿De qué vale? Para la afición, que es de matrícula de honor, un ruego: ¿por qué le pitan a Adrián? Hace lo que puede y sabe.

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