MIOPÍA EN EL MÁLAGA

JOAQUÍN MARÍN D.

Dijo el entrenador del Málaga el domingo, después de ganar al fin un partido tras diez jornadas lamentables, que en el vestuario había jugadores mirando la clasificación. Sería, tal vez, para ver cómo va el Real Madrid, o el Valencia; porque si no, poco se entiende. Quizá deberían haberla mirado antes, cuando empataron a cero en casa ante un Girona que apenas si vino a presentarse al partido. O cuando el Levante, que ahora gana, perdía y perdía; y la distancia hasta la salvación se mantenía gozosamente en siete puntos. Siete puntos que ahora parecen un escaloncito de nada al lado del abismo que suponen los once actuales. Quizá tanto José González como sus jugadores deberían haber mirado la tabla antes. Que ahora sirve de poco. ¿Creen en la salvación? Bien, si es así que lo demuestren. Pero no sólo hablando o mirando, sino en el césped, en el sitio en el que solamente a ratitos en Vigo, en Eibar o contra el Valencia y el Villarreal han hecho ejercicio de dignidad. Ellos mismos lo habrán comprobado con la afición, que ha sufrido partidos y partidos en los que no sabía siquiera adónde mirar. Seguidores que se miraban a las caras, incrédulos, antes que volver la vista al verde, donde el espectáculo de incapacidad era poco edificante. Y después de esa procesión dolorosa, esas diez jornadas en las que realmente se ha pujado fuerte por el descenso, ahora resulta que hay jugadores que miran la clasificación. Igual lo hacían dándole la vuelta al periódico, como broma. O buscando directamente la tabla de Segunda, que está interesante y que nos espera a vuelta de unos meses. Puestos a mirar algo, quizá mejor hacerlo a la grada, a las caras de los malaguistas, que no se creen lo que ven. Pura miopía.

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