
El público del Zaragoza pidió la hora y acabó con gritos a sus dirigentes. Parece impensable, porque enfrente estaba el Málaga, el colista de Primera, pero la realidad es que el conjunto de Muñiz, con un sistema novedoso, mereció ganar. Bien es cierto que los resultados de Copa conviene ponerlos en cuarentena, pero ofreció una actuación notable con movilidad y dinamismo, aunque de nuevo con carencias en el remate.
Juan Ramón Muñiz y su equipo de trabajo no paran de buscar fórmulas para subsanar la falta de velocidad y, consiguientemente, de llegada, y para ello el técnico optó por probar anoche un sistema que aparentemente podía darle más dinamismo al equipo. Como siempre que se suele apostar por una base defensiva con tres centrales, el quid de la cuestión está en comprobar si los dos laterales no se quedan clavados atrás, lo que convierte el trío en quinteto.
El modelo era claro, un 3-4-2-1. Probablemente Muñiz buscaba de una tacada cumplir varios objetivos: sacar el máximo partido a Jesús Gámez y Mtiliga (que además tenían las espaldas cubiertas), arroparse ante la probable llegada desde la segunda línea del Zaragoza (la que más daño hace), exigir menos a Obinna y Luque (y de camino otorgarles cierta libertad de movimientos en ataque) y llegar con más efectivos a la zona de remate.
Cabe incidir en la actitud de los jugadores para adaptarse al nuevo esquema. Quizá por ello los resultados no se reflejaron en el marcador en el ecuador del choque, pero sí en el balance numérico: seis córners por sólo uno local y cinco remates (aunque nada más que uno entre los palos) por uno del Zaragoza. No obstante, en el fútbol mandan los goles y el Málaga se vio por detrás tras un centro en el que Lafita -ayer situado como segundo punta- se adelantó al joven central Iván.
El Málaga no se vino abajo tras ese mazazo. Al contrario. De repente se apreciaron las recíprocas muestras de ánimo y quedó patente por enésima vez que el grupo es una piña. Todos sus componentes insisten en que sólo se necesita un resultado positivo para cambiar la dinámica actual. A lo mejor no llega el domingo (porque enfrente está el Valencia), pero a la larga se va a notar.
El Málaga sentó las bases en la primera parte de lo que iba a ser un duelo casi totalmente controlado -salvo un periodo de cinco minutos- después del descanso. Influyó, sin duda, la presencia del aún limitado Apoño. Pero también influyó esas dosis de carácter que ha transmitido el nuevo líder de la plantilla, el guardameta Munúa (uruguayo, claro), como quedó patente tras el gol del empate.
Porque la igualada se demoró veintitantos minutos. Llegó en un penalti que debió pitar Delgado Ferreiro en el minuto 1 de la reanudación, cuando Edinho fue placado en el segundo palo.
Otra vez, como en Jerez, parecía que el Málaga iba a tener que empatar por agotamiento del rival. En el minuto 9 López Vallejo evitó por dos veces el empate, la segunda en un clamoroso fallo de Edinho en el rechace al zurdazo de Luque. Durante unos minutos el Zaragoza trató de avanzar metros, pero a su defensa le había entrado el tembleque y con semejante distancia ya era la víctima propiciatoria. Además de la inferioridad numérica por culpa del esquema de Muñiz, tenía que apechugar con el criterio de Apoño.
El empate parecía cuestión de tiempo y llegó tras una opción desperdiciada por Baha, gracias a una brillante acción individual de Luque, muy implicado, metido de lleno y que ha cambiado el trote por la velocidad.
Con un rival noqueado, el Málaga quería más. Se le veía con confianza, con desparpajo. Fue un periodo en el que Obinna ofreció sus mejores movimientos y hasta Benachour midió sus fuerzas. Mientras, la defensa no pasaba apuros. Apoño, Baha y Valdo pudieron desnivelar la contienda mientras arreciaban los pitos de La Romareda pese a que Marcelino había puesto en liza a toda su artillería, con Abel Aguilar, Jorge López y Arizmendi.
El encuentro de ayer puede ser el ansiado punto de partida. Ojalá lo sea. Más allá de los números (diez córners y once tiros a puerta), hay que quedarse con las sensaciones. Y aunque sea la Copa, a este Málaga va a costar hundirlo. Al menos, ya tiene carácter.
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