
El Málaga mejora. Lo hace de forma casi imperceptible y no se sabe bien si está sentando las bases del juego que le sirva para la permanencia. De alguna forma la igualada en Zaragoza en la Copa y lo mucho que tuvo que sudar el Valencia para ganar en La Rosaleda tuvieron una continuidad ayer, porque el equipo escapó vivo de Tenerife y se repuso con cierto mérito a un dos a cero poco antes de llegarse a la primera media hora.
Pero cuando hablábamos de una mejora difícil de percibir nos referíamos también a otros matices. Quizás más de uno a estas alturas pueda pensar que el punto no le saca de pobre al que seguirá como colista de la categoría, salvo que el Xerez pierda esta tarde en Valladolid. A un equipo que encadena diez partidos oficiales sin ganar y que sigue incurriendo en calamidades defensivas. No es la única faceta del juego en la que el Málaga sigue teniendo mucho margen de mejora, porque su ataque apenas es algo más que una guerra individual en busca del lucimiento.
Lo que no puede pasar inadvertido es que el Málaga llegaba muy tocado a Santa Cruz de Tenerife. Sin su 'jugador franquicia', Apoño, con tres ausencias en el puesto de medio centro y con la fragilidad de ánimo que se le presupone al último de la tabla. Si al enrachado apenas le hace mella un tanto, para el colista una ocasión es un problema y un gol motivo para la depresión.
Once muy ofensivo
Pues pese a ello el Málaga salió al campo entero. Lo hizo con una propuesta la mar de ofensiva y con la enésima combinación en ataque de Muñiz. Por primera vez se vio a Obinna en la banda desde el arranque, por segunda ocasión Edinho fue titular, y Benachour acompañó a Xavi Torres en la zona central de la línea medular. El francotunecino, lejos de dar claridad al juego de ataque, incurrió en sucesivas pérdidas de balón que generaron peligro inmediato. Además, al Málaga le hizo un destrozo el canterano Omar, habitual revulsivo en el equipo de Oltra, pero ayer titular.
Omar se fue apagando en el transcurso del partido, pero sus primeros minutos casi dejan 'k. o.' a los visitantes. A su desborde, velocidad, verticalidad y descaro se les unió un problema añadido, que arrancaba desde la línea de volantes, sin que lo pudiera tomar el lateral. En su segunda salida fácil para centrar se fue de Xavi Torres y aprovechó el pasillo que le dejó Jesús Gámez. Su envío lo aprovechó un llegador como Román Martínez para el 1-0. Nada de lo que no hubiera prevenido a los suyos Muñiz antes del partido. Y en pleno desconcierto Alfaro logró el segundo tanto en una acción larga tras remate de Nino, despeje de Munúa, centro de Kome y las facilidades al onubense para empujarla a las mallas.
Entonces el Málaga rozaba el desastre. Era una muestra de la desunión, con problemas evidentes de comunicación en el campo, bien claros entre Weligton y Mtiliga, ayer de nuevo desastroso. Pero al menos el choque estaba descosido desde el punto de vista táctico. Si descarada fue la propuesta de Muñiz, no lo fue menos la de Oltra, con Juanlu de lateral. El duelo apenas tuvo centro del campo y fue un ir y venir que permitió al Málaga engancharse al partido en el peor momento.
Así fue: dos minutos después del segundo gol local Edinho se aprovechó de un rechace del inseguro Sergio Aragoneses, a remate de Obinna. Edinho se hartó de malograr después ocasiones pintiparadas, pero a estas alturas no se le discute que está siempre en el lugar adecuado y que sus cifras realizadoras son las mejores entre los atacantes. Será casualidad o no.
De esta forma el Málaga llegó entero al intermedio, y se presagiaban nuevos despistes en la zaga local, a la que ya le llovió de todo tras el 5-0 de la semana anterior en Villarreal. Quizás Muñiz no anduvo acertado en su decisión de jugársela con Duda como volante central en lugar de Benachour. Se demoró en su apuesta por Toribio, el único especialista en el banquillo para ayudar a un Xavi Torres impotente y acalambrado. La actitud del alicantino es encomiable, pero no podía duplicarse en la presión.
El Tenerife volvió a empujar y el Málaga, partido en dos con cinco jugadores de ataque en el campo, apenas veía el balón. Dos remates de Alfaro y un testarazo de Román precedieron al gran gol de Javi López, un tiro lejano muy colocado pero en el que Aragoneses debió hacer más. La jugada clave del partido llegó a renglón seguido, en un centro de Obinna que no supo conectar Edinho bien ubicado en el área de meta. Del posible 2-3 a lo que pudo ser el 3-2, en un remate cruzado de Nino. Pero no hubo tiempo para más. Justicia salomónica.
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