
Hay derrotas que saben casi como una victoria. O sin el casi. El año pasado el Málaga se quedó a un paso de acabar con su aciaga historia en el Bernabéu. Ayer, frente a un rival con siete fichajes desde entonces -y por lo tanto, con un potencial infinitamente superior-, únicamente le faltó tener más velocidad y definición para dar un zarpazo. Nunca se amilanó e incluso ni se descompuso tras recibir en tres minutos dos goles de Cristiano Ronaldo.
Como se intuía, Muñiz reforzó el centro del campo con la inclusión de un tercer hombre, aunque en realidad esa zona del campo estaba compuesta en su mayoría por jugadores de vocación ofensiva, porque a Toribio -que definitivamente está por encima de Xavi Torres- lo acompañaban Fernando y Benachour. El técnico buscó cerrar las vías interiores y tratar de que estos dos últimos acompañaran a los extremos, Duda y Javi López, para no contar exclusivamente con Caicedo como referente en punta.
El Málaga tuvo un comienzo alentador. Probablemente el Madrid, consciente de lo que se jugaba -no podía dejar que el Barcelona se escapara- esperaba de antemano un rival encerrado. No fue así. Se sorprendió al comprobar que el conjunto visitante eludía el pelotazo y trataba de ganar metros con la circulación del balón como principal argumento. Eso sí, en cuanto los blancos se pusieron manos a la obra y comenzó la movilidad de sus estrellas llegó el temido asedio.
El Málaga resistió treinta y cinco minutos, el periodo que tardó el Madrid en hilvanar una jugada, protagonizada además por sus tres fichajes estelares, Benzema (que creó el espacio con su movimiento), Kaká (que soltó un centro medido) y Cristiano Ronaldo (con un esprint demoledor). La abismal diferencia en calidad y definición volvía a desnivelar la contienda en el Bernabéu.
Al Málaga, no hay que engañarse, había que pedirle que ofreciera una buena imagen. Y en la primera media hora no sólo se defendió con orden. También salió con soltura. De hecho, dio varios sustos, lo que incluso arrancó los pitos de un público demasiado nervioso. El larguero y después Casillas evitaron el tanto de Duda después de que el disparo del luso rebotara en el cuerpo de Xabi Alonso. También el guardameta se sobrepuso a un grave error en un despeje in extremis para taponar con la cabeza en la frontal un tímido intento de vaselina de Javi López. Y como es habitual, Fernando tuvo sus oportunidades, en esta ocasión dos, y volvió a precipitarse. En este primer tercio del encuentro sólo Guti hizo trabajar a Munúa, que hizo acopio de todos sus reflejos en su estirada.
Triangulación
Pero el Madrid no perdona. En cuanto sus jugadores escucharon la música de viento apretaron y ahí apareció la habilidad de Benzema para crear dos espacios y sendos goles. A la triangulación 'galáctica' que culminó Cristiano Ronaldo se sumó un movimiento en la frontal para sacar de su zona a Weligton y liberar al portugués, que esta vez resolvió de un disparo marca de la casa.
Sin la más mínima brillantez, el Madrid ya había obtenido la ventaja necesaria para exhibirse y ofrecer una buena imagen. Quedaba comprobar si el Málaga se descomponía totalmente o si mantenía el necesario autocontrol. Al descanso se llegó con una curiosa igualdad numérica tanto en tiros a puerta como en saques de esquina. Una lástima ese 2-0 en un análisis objetivo del desarrollo de la primera parte.
En la segunda el Málaga volvió a ofrecer una imagen digna. Neutralizó a la perfección al Real Madrid, hasta el punto de que Munúa apenas intervino. También volvió a tratar de sacar el balón jugado y fue de menos a más. La inclusión de Juanmi y Forestieri permitió gozar de más dinamismo arriba, lo que también facilitó que Fernando y Benachour encontraran referencias más cómodas para que el esférico circulara. También Mtiliga se atrevió a subir más que Jesús Gámez e incluso fue objeto de un codazo que desembocó en la expulsión de Cristiano Ronaldo.
La falta de velocidad y la carencia de un jugador con un cambio de ritmo privaron al Málaga de atemorizar a Casillas pese a que en la última media hora se jugó más en el campo blanco. El Real Madrid se sintió a gusto así, a la espera de tener metros para convertir una salida fulminante en el tercer gol (como sucedió con Granero y otra espectacular parada de Munúa). Pero comprobó que, incluso volcado -aunque, repetimos, sin llegada-, el conjunto de Muñiz es muy incómodo. Por eso ha salido del atolladero de momento.
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