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Málaga 2 - Espanyol 1
La decisión de Muñiz de incluir a Juanito desnivela un choque cuesta arriba y con una extraña actuación arbitral. Un cambio táctico facilita el triunfo ante el Espanyol y lo sitúa en un puesto acorde a su trabajo
22 de febrero de 2010
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El Málaga encuentra el equilibrio
Baha intenta penetrar en la línea defensiva del Espanyol obstaculizado por David García y Víctor Ruiz. :: ANTONIO SALAS
SERGIO CORTÉS scortes@diariosur.es.-

¡Qué subidón! No habría venido mal emplear la última tecnología para medir las pulsaciones de los presentes ayer en La Rosaleda. El Málaga sufrió hasta el último suspiro acogotado por la inferioridad numérica, la avalancha del Espanyol y un árbitro con mirada en una sola dirección, el marco de Munúa. El fútbol comienza a ser justo con el trabajo del equipo blanquiazul y el triunfo de ayer, quizá inmerecido por el patente equilibrio de fuerzas, viene a compensar el trago agridulce del empate dos semanas antes frente al Deportivo.

Al Málaga le costó lo indecible ver ayer el balón. El Espanyol lo había analizado al dedillo y trató de hurgar en los defectos del sistema actual, ese 4-1-4-1 con Fernando y Benachour en la doble función de resguardar a Toribio y ordenar el juego de ataque. Era tal el conocimiento del cuadro 'periquito' que ni se descompuso cuando se vio con el marcador en contra. De nuevo Duda sacó a patear su prodigiosa zurda y esta vez sí Fernando remató a la perfección. El malagueño volvió a demostrar que es el jugador con más llegada de la plantilla y midió los tiempos en el remate de cabeza para no hartarse de balón y enviarlo alto con un golpeo brusco.

Pero el Espanyol venía a lo suyo, a desarmar al Málaga dejándolo sin el balón. Pochettino ordenó a los suyos buscar pasillos interiores para favorecer los movimientos en la media punta de Luis García y algunos de Iván Alonso o Verdú. Con esa simple virtud dinamitó la primera línea de presión blanquiazul y demostró que el cuadro local estaba demasiado abierto. Entre el torroxeño Baena y Javi Márquez hicieron circular el balón con fluidez. Tanto toque y más toque provocó pitos desde la grada.

El Málaga estuvo a merced del Espanyol y, lo que es peor, se desgastó en exceso al tratar sin éxito de recuperar el esférico. Ante este panorama, Muñiz hizo un gesto elocuente. Primero les recordó a Duda y Javi López que debían cerrar más por dentro, sobre todo cuando el equipo basculaba a la banda opuesta. Después pidió paciencia en la salida del balón. Aquel objetivo se cumplió, porque el Espanyol no encontró huecos para pisar el área y se limitó a intentos lejanos. El segundo, no tanto. Ni Fernando ni Benachour tuvieron la necesaria frescura de ideas, en especial el segundo, al que las carreras de un lado a otro acabaron por agotarlo. Tampoco los teóricos extremos brillaban. Ni arrancaban con convicción ni acompañaban a Caicedo cuando este trataba de retener el balón en los envíos en largo para buscar la salida del equipo.

Recompensa

El Espanyol encontró la recompensa al filo del descanso en una acción en la que inicialmente Toribio anduvo listo al forzar la amarilla para frenar el contragolpe a raíz de un córner que había sido favorable. Para entonces, el Málaga había perdido por lesión a Caicedo, precisamente uno de los puntales para defender las faltas laterales (como fue el caso) o los córners.

En la reanudación apenas varió el panorama. Probablemente Muñiz no introdujo cambios para evitar señalar directamente a un futbolista y también quizá con la esperanza de que la charla en el descanso reactivara a los suyos. Pero la distancia entre Obinna (recambio del ecuatoriano) y la poblada medular malaguista (cinco hombres debido al repliegue) era abismal. El asturiano no tardó en buscar más equilibrio y prescindió de Benachour, fundido, para tratar de mejorar en la presión con Baha.

Este primer intento de buscar el equilibrio, a la sazón el segundo cambio, no terminó de resultar eficaz. El Espanyol ya estaba envalentonado, crecido, con una confianza tremenda. Los dos avisos de Callejón -el segundo, al larguero- demostraron no sólo que es un futbolista en evidente progresión. También certificaron que el Málaga necesitaba más contundencia en la medular. No bastaba con Fernando junto a Toribio. A Muñiz se le vio mirar hacia atrás para recurrir a su segundo, Dely Valdés, probablemente para conocer si el panameño estaba de acuerdo con su impresión. Urgía meter a Juanito aun a riesgo de una reacción en contra del público y con la dificultad añadida de que era la última sustitución y quedaba más de media hora.

Y así fue. Pero los espectadores lo entendieron en su gran mayoría. El Málaga necesitaba armarse en el centro del campo. Desde ese instante el Espanyol ya no tuvo el balón y el partido comenzó a jugarse más en el campo visitante. El aviso de Obinna tras un pase al hueco de Toribio también reactivó a la grada. Todos los jugadores se pusieron las pilas en la contención, incluido Duda con Chica, y llegó el gol del triunfo.

La reacción del Espanyol en el último cuarto de hora estuvo sazonada por la calamitosa actuación arbitral. El trencilla estuvo tan deficiente en todo (el criterio en las faltas, la tardanza en pitarlas, el rasero para las tarjetas...) que ni siquiera merece ser nombrado. Él, sólo él contribuyó a que el Málaga sufriera hasta el último segundo para dar un salto muy importante.

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