
Nada. No puede ser. Este es el Málaga y ahí están su historia y su plantilla. La segunda oportunidad para dejar noqueado a un rival directo por la permanencia pasó de largo sin que el equipo fuera capaz de asegurar los puntos en La Rosaleda. Esta vez, al contrario que contra el Xerez, no dominó el partido a su antojo durante más de una hora, sino que se mostró inoperante, incapaz de hincarle el diente al Tenerife, que llegó con la lección bien aprendida y combinó cierto orden atrás -para no dejar huecos a la espalda de la zaga- y el fútbol de toque de sus piezas ofensivas. Las carencias volvieron a ser evidentes, sólo que esta vez el nivel físico de los renqueantes Apoño y Duda fue un contratiempo importante.
Al Málaga se le dan bien los equipos que llegan a La Rosaleda dispuestos a anteponer el fútbol de toque a su colocación. Por eso cayeron Mallorca, Getafe o Villarreal. Cuando enfrente se planta un rival con la línea defensiva con pocos metros a la espalda, el panorama cambia. El cuadro blanquiazul puede combinar todo lo que se le antoje que apenas crea oportunidades. Ver a los cuatro jugadores ofensivos del Tenerife produce cierta envidia. Porque Muñiz no cuenta en su plantilla con un solo hombre capacitado para encarar y marcharse en el uno contra uno. Ahora se le ve hacerlo a Valdo y entra la duda: ¿rendría sitio como titular o simplemente brilla porque entra de refresco? Visto el precedente en Valencia y su inferioridad frente a un extremo convertido en lateral (Jordi Alba), tal vez le venga mejor la etiqueta de revulsivo.
Con todo, Valdo fue de largo el más entonado de los futbolistas ofensivos empleados por el Málaga. El Tenerife cuenta con una de las defensas más vulnerables de la Liga, pero sus componentes supieron su papel en la primera parte. Obligaron a Caicedo a moverse casi en la divisoria, beneficiados por el pavor que el ecuatoriano parece tenerle al área -el contrapunto a Edinho, un poste inamovible en el área- y cerraron cualquier hueco entre los centrales y los laterales para que Duda y Fernando no aparecieran con sus diagonales.
Sin salida del balón
El Málaga estuvo a merced del Tenerife toda la primera parte. Apoño, físicamente mermado -recién salido de su lesión, lo que obligó a dosificarlo en Valencia-, siempre fue seguido de cerca por un escolta personal, Richi. La labor sacrificada de este último hizo que el equipo local se atascara en la salida del balón y se viera forzado a recurrir a los envíos en largo de Munúa. Incluso, fue notorio que en varias acciones en ataque Toribio jugaba por delante del futbolista de La Palmilla.
Si al Málaga le 'secuestran' a Apoño y encima tiene a Duda renqueante -sus molestias no son precisamente una anécdota y por eso no viajó a Valencia-, sus problemas se multiplican. Muñiz volvió a apostar por Benachour en la función de media punta y Fernando en la derecha, probablemente con la intención de desgastar otra vez al rival para que Valdo y Baha encontraran el camino alfombrado (como así se antoja que sucedió). Pero ni el tunecino ofrece en ataque algo que llevarse a la boca, sólo algunas pinceladas en el ineficaz toque en corto, ni el malagueño pudo prodigarse en la zona de remata como le gusta.
La primera parte transcurrió sin futuro para el Málaga. Al contrario. El Tenerife era un bloque crecido, en el que el lateral Marc Bertrán no tuvo reparos en aprovechar la debilidad de Duda para acompañar a Ayoze y buscarle las cosquillas a Mtiliga. El empate a cero fue un mal menor para los locales, aparentemente atenazados por la responsabilidad, incapaces de crear una sola jugada interesante y en evidencia cada vez que Nino hacía de las suyas.
Muñiz volvió a recurrir a la pareja Valdo-Baha. ¡Quién lo iba a decir! La aparición de ambos, los más castigados por la grada durante la temporada, fue recibida con aplausos. Apenas habían pasado tres minutos cuando un centro del leonés acabó en saque de esquina. Durante treinta y nueve minutos el Tenerife casi ni existió. Se limitó a verlas venir, obligado a un repliegue que alejó del área malaguista a Nino y Alfaro.
Lesión de Caicedo
El partido deparó otro contratiempo para el cuadro local. La lesión de Caicedo, que falló en la definición en su única ocasión -prefirió esquivar a Aragoneses víctima de su inseguridad en el disparo ante el portero-, provocó el estreno en casa del juvenil Juanmi. Aunque este mejoró con creces la aportación del ecuatoriano, Muñiz se quedó sin más opciones de cambio para la última media hora cuando habría necesitado oxigenar a la medular con Juanito en la posición del asfixiado Apoño.
Fue precisamente este último el autor del gol en una acción netamente malagueña, con centro de Manolo y primer remate de Juanmi. El Tenerife introdujo sucesivamente a tres hombres de ataque y José Luis Oltra se lió la manta a la cabeza partiendo al equipo con un 4-1-3-2 y Ricardo únicamente por delante de la cobertura. El equipo blanquiazul, con Apoño y Duda bajo mínimos, no pudo sentenciar como seis días antes frente al Villarreal y quedó expuesto al temido empate. Debía ser, cómo no, en un movimiento de Nino cuando apareciera la opción de la igualada. Alfaro lanzó el penalti con su habitual maestría. Y de nuevo, como en la primera parte, el empate fue un mal menor. El Tenerife hasta pudo ganar al final. La agonía se prolonga. El despegue no llega.
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