
Eran las 21.48 horas de ayer cuando el Málaga escribió una nueva página de su historia. Tras vencer en el partido de su vida entró en el selecto grupo de equipos que disputarán la Liga de Campeones, un logro inalcanzable hace pocas temporadas. La satisfacción la explosión de júbilo de los aficionados fue inenarrable al señalar el árbitro el final del encuentro. El estadio representó un espectáculo desconocido, una expresión de alegría sin precedentes de una hinchada que abre un nuevo camino, el de los grandes clubes continentales.
El Málaga ganó, por la mínima, pero lo hizo. Cumplió con su cometido en medio de una gran fiesta. No fue fácil, pero nunca hubo aprietos importantes, salvo los cinco últimos minutos. El equipo blanquiazul controló el partido, dispuso de grandes oportunidades, pero perdonó demasiado, lo que le llevó a un mínimo sufrimiento al final.
Merecido triunfo
El conjunto blanquiazul fue superior y mereció el triunfo ante un Sporting que salió muy defensivo con el objetivo de sorprender en algún contragolpe. Era muy complicado para el equipo asturiano, pero luchó hasta el final y la afición malagueña lo premió con aplausos y canciones de apoyo, aunque tras confirmarse su descenso estas muestras de cariño sirven de poco. Pero la alegría malaguista, con el propietario del club al frente de la celebración, nunca decayó. Existía cierta seguridad en que la Champions se conseguiría al final. Pocos se equivocaron, ya se respiraba un ambiente triunfalista desde hacía días y hasta semanas..
«Sí, sí, sí, la Champions ya está aquí». Ese era el grito preferido de los malaguistas, que festejaron el gran día de ayer por todo lo alto. Es la primera vez que el club logra la cuarta plaza de la clasificación, la última que da acceso a la preciada primera competición continental. Fue una jornada inolvidable, irrepetible. Otras veces le tocó sufrir y llorar, pero ahora todo ha cambiado. El Málaga ya no es un equipo modesto y vulnerable.
En el plano puramente deportivo, Pellegrini utilizó de entrada al equipo previsto, con el recién recuperado Mathijsen en el once titular. Igual que el sancionado Clemente, que tampoco sorprendió con su once en busca de un milagro. Con un ambiente espectacular, el equipo malagueño controló el juego, como suele ser habitual, en los primeros minutos y se aproximó con peligro a meta de un acertado Juan Pablo. El engranaje blanquiazul funcionaban bien, pese a que Cazorla estuviera sometido a un marcaje individual y férreo de Lora. Este detalle frenó algo la creatividad blanquiazul, si bien el asturiano buscó alternativas muy interesantes en ataque.
El propio Cazorla y Eliseu dispusieron de las primeras oportunidades antes de que Rondón estrellara el balón en el poste izquierdo de la meta de Juan Pablo. Era el ecuador del primer periodo y el peligro comenzaba a intensificarse sobre la meta visitante. El juego preciso del centro del campo malaguista estaba permanentemente asistido por un espectacular Demichelis, que no solo brillaba en la labor defensiva, sino que también era determinante con sus continuas incorporaciones al ataque.
Ocasión de Cazorla
De hecho, el central argentino dispuso de dos buenas ocasiones para marcar, la segunda en una acción perpendicular en la que falló un disparo con la zurda. Pero la mejor ocasión del primer tiempo llegó en un lanzamiento ajustado al palo de Cazorla, pero Juan Pablo estuvo especialmente inspirado y envió el balón a córner. Y la tregua solo duró durante el descanso, porque el Málaga salió a resolver el partido. Primero fue Camacho el que pudo marcar, hasta que Rondón conectó un saque de córner de un magistral Cazorla.
La situación estaba controlada, pero la victoria por la mínima era un arma de doble filo. Pese a todo, tres veces Rondón, Monreal y Van Nistelrooy pudieron sentenciar y no lo hicieron. El público y el equipo ya daba por bueno el 1-0. La situación era cómoda. El Sporting ya no tenía ninguna opción de salvación debido a que ganaba el Zaragoza y empataban el Rayo y el Granada. Solo había que esperar que transcurrieran los minutos para que se consumara la clasificación para la Champions League. No parecía que hubiera cambios.
Pero llegó una novedad de última hora que cambió los planes: marcó el Atlético en Villarreal. Entonces ya no valía el empate para seguir en la cuarta plaza. Apareció el sufrimiento en una grada eufórica desde mucho antes del arranque del partido. Las aproximaciones del Sporting elevaban las pulsaciones de una afición engalanada y dispuesta solo a disfrutar. Pero los malos momentos pasaron pronto. El colegiado solo dio dos minutos de prolongación. Y llegó el final, la alegría y la celebración. Espectacular La Rosaleda, que esperó que regresaran los futbolistas. Saludó también Pellegrini y hasta el jeque, Abdullah Al-Thani, tanto desde el palco como en la propia hierba del estadio. Un día muy grande.
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