Malaga CF

La llegada de un mito: Viberti

Segundo partido en casa de Viberti, contra el Ilicitano, con Goicoechea, Montero, Monreal, Benítez, Arias y el argentino, de pie, y Dionisio Franco (masajista), Pons, Martínez, Cabral, Conejo y Wanderlei, agachados. :: SUR
  • El séptimo ascenso tuvo tres nombres propios: Antonio Rodríguez López, Jëno Kalmar y el 'crack' Viberti

Se sabía de antemano. No sería una temporada fácil la 69-70. Pero en lo que no se pensaba era en que el equipo pudiera encarar en las primeras jornadas un camino preocupante por descendente. Bajar a la segunda categoría después de haber disfrutado dos años consecutivos de la división de ‘oro’ nunca es fácil de digerir. Y menos todavía cuando aún pesaba en la hinchada la inesperada resolución de la campaña anterior. Las discrepancias que mantenía con el presidente el entrenador, Juan Ramón, que al comienzo del ejercicio había pedido federativamente la rescisión de su contrato y denunciaba las injerencias del máximo mandatario en su labor, hacían presumir que el técnico no duraría la temporada completa. Así fue. Se cumplió la primera previsión. Y la segunda fue todavía más cantada que la primera. El amenazado era el propio presidente, Juan Moreno de Luna, que disfrutaba del récord de ser el rector que durante más años había ocupado la poltrona. El hecho había dejado unas negras secuelas en su actuación por el traspaso de Fleitas, el ídolo de la temporada de su debut con el equipo de Martiricos. Había sido el tercer goleador de la temporada, plaza en la que nunca ninguno de los atacantes blanquiazules estuvo al acabar el año.

Moreno de Luna no pudo hacer lo que en otras ocasiones hizo: vender a un jugador sin necesidad de consulta asamblearia. Los socios lo llevaron a ella y casi le impusieron los términos de la cuantía del traspaso al Madrid. En trece millones, como mínimo, fijaron los asociados la valía del ídolo paraguayo, que ya para entonces había iniciado sus andanzas por antideportivos senderos personales. Pedro Otto Bumbel, que fue el que le abrió las puertas del Málaga –informado de ello por el jugador que compartía vivienda con Fleitas–, le ‘pegó fuerte’ al jugador en los entrenamientos y lo dejó fuera en un partido en Pontevedra. El técnico brasileño, que gozaba de excelente reputación entre los aficionados –y lo que era más importante, entre los integrantes de la plantilla–, se condenó a convertirse en ex antes de que acabara la temporada.

El distanciamiento con el presidente que le había condecorado con el escudo de oro y brillantes del club –que no se lo impuso él, sino el presidente de la Asociación de la Prensa– fue evidente. Moreno de Luna no podía admitir que el entrenador le chafara la operación quitándole brillo al jugador que el propio técnico había traído. Fleitas era la única salvación económica del club y el entrenador parecía dispuesto a olvidarse de esto a la hora de componer las alineaciones. Se llegaba al inicio de la nueva campaña, en la que ante las perspectivas no se hablaba, como otras veces después de un descenso, de volver a Primera. Desde la secretaría técnica, ocupada por José María Zárraga, se habló de la conveniencia de un entrenador que conociera la Segunda División y se consideró el más indicado a Juan Ramón Santiago por su actuación al frente del Ferrol.

En realidad, la Segunda era otra división distinta de la que conociera el año anterior Juan Ramón. Personalmente se me oscureció el panorama del entrenador cuando después del partido en Ferrol (5-1 y dos goles de Conejo) el entrenador ‘se hizo lenguas’ del «goleador» Conejo. Traté de abrirle los ojos primero quitándole el apodo de ‘goleador’ y haciendo justicia del paleño como merecía por lo gran jugador de club que siempre fue. A Juan Ramón las cosas le fueron peor de lo que era de esperar y eso repercutió en el presidente, que se vio obligado a presentar la dimisión. Era noviembre. El Málaga tenía nominalmente cuatro vicepresidentes, pero uno de ellos ni siquiera aceptó el cargo, Ricardo Villar. De los otros tres, solo uno, presionado por Antonio Pérez-Gascón, que era vicecontador, aceptó asumir la presidencia provisional. A pesar de su interinidad, empujado por quien lo había sacado a la luz del fútbol nacional, tomó sabias medidas que pasaban por buscar a un nuevo entrenador y a algún refuerzo para la plantilla. En esta no se había incluido más que a Búa en la operación de venta de Fleitas. Por el contrario, los traspasos de este y del defensa Vallejo, internacional B, debilitaron al equipo, que no tenía ni realizador ni constructor.

Antonio Rodríguez López se estrenó como presidente ordenando el cese de Juan Ramón y contrató a Jëno Kalmar. Una y otra operación nos dejaron dos anécdotas en la historia del ejercicio 69-70. El húngaro se sentó en el banquillo por primera vez en La Rosaleda el 26 de octubre de 1969. El Málaga derrotó a Osasuna (3-1). Era la jornada octava y fue la tercera victoria de la temporada. Empezaron a soplar buenos vientos. A Córdoba se habilitaron unos autocares para trasladar a los socios. Y en El Arcángel, con un 0-0, llegó el primer empate con Kalmar, que luego se multiplicarían copiosamente. Parecía, solo parecía, que cambiaba el rumbo malaguista. Pero, ¿cuándo y cómo se confirmaría que, aparte de la presidencia, todo iba a cambiar en el Málaga?

La fecha queda marcada en la historia: 28 de noviembre de 1969. Fue el día que Viberti fichó y se puso a las órdenes de Kalmar. Se estrenó 48 horas después frente al Español, el equipo del que procedía Kalmar. El espectáculo fue simpar. Más que por la goleada (5-0), por la lección que ofreció el divo. Aquel día el sol iluminó La Rosaleda y en el ánimo de los aficionados nació la esperanza de un séptimo ascenso. Este llegó. Y se produjo en el mejor de los escenarios, en ‘La Catedral’, en San Mamés, el 7 de junio de 1970. Hacía el partido número 22 del ‘crack’ en las filas locales. El Betis, que pretendía la plaza, se quedó sin ella. Mantuvo sus aspiraciones hasta última hora y mantuvo, igualmente, el maletín en el que volvieron a la caja bética las primas que Jose María la Concha había paseado por media España para estimular a los rivales del Málaga. No fue posible doblegar al equipo del dúo Kalmar-Viberti, que creció en la tabla jornada tras jornada (desde la llegada del astro argentino solo se perdió un partido, 2-1 en Gijón, y él no jugó al encontrarse lesionado). Resultaba imposible alcanzar al Gijón, que con sus grandes estrellas abría cada semana la general. Pero el ‘sprint’ del Málaga no lo pudo sostener más que el Español, al que el Málaga solo le permitió sumar uno de los cuatro puntos que disputaron.

Fue una temporada de estrenos: Rodríguez López, como presidente; y Viberti, el más idolatrado de los jugadores en la historia del Málaga. No necesitaron más que siete meses y once días para devolverle al equipo su plaza perdida en Primera y abrir las puertas del que sería el ‘quinquenio de oro’.

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