Malaga CF

El 'campeón de campeones' de Tercera se agarra a Segunda

De pie, Tellado, Paquirrini, Salazar, Ubis, Félix y Maciá; agachados, Lezama, Pedrín, Guillermo Campanal (entrenador), Bazán y Comas. :: SUR
  • 15 fichajes, dos presidentes, dos entrenadores y el primer secretario técnico, en el regreso a Segunda

El campeón de España de Tercera División, el ‘campeón de campeones’, había vuelto, después de tres temporadas en el infierno de la última categoría nacional, a su hasta entonces techo: la Segunda División. El Málaga regresaba cargado de ilusiones, viendo próxima su llegada a la cúspide, la Primera. En la etapa veraniega afloraron las esperanzas de los aficionados, que siempre crecían en proporción directa al número de fichajes. Los seguidores acogieron con esperanza la presencia de una decena de futbolistas. Se habían marchado los que vinieron prestados del Sevilla: Soler, defensa izquierdo, y Bilbao, apto para ocupar plaza en el centro del campo y en la medular. Los dos estaban considerados ya como sevillistas en un futuro inmediato. A Manolo Soler lo pusieron a la venta, y se fue al Valladolid.

La plantilla del ascenso, la dirigida por Chales y que había pasado de los cien goles, con una delantera que quedó como una de las mejores de la historia (compuesta por Casanova, Teo, Maciá, Lezama y Emilio), continuaba al servicio del entrenador. Chales se lamentaba de haber perdido a García, el medio centro, y a Emeterio Lecue. Fueron dos elementos importantes. Se les echaría de menos, llegó a comentar el entrenador, uno por su calidad y el otro porque era el dueño del centro del campo. No tardaron mucho en ser lo que se pensaba. Lecue se enroló en el Atlético de Madrid y ‘Marco Polo’, como conocían los aficionados a García, aterrizó en el Real Madrid.

Entre los nuevos, de los que esperaban mucho los aficionados, los más conocidos venían del equipo rojiblanco madrileño, sobre todo Machín –internacional desde el espectacular trío atlético formado junto a Gabilondo y Germán, y que fue la medular de la selección nacional en algunos partidos– y Rafa. Sin embargo, el único que participó en todos los encuentros de la temporada fue el portero, Joaquín Comas. Desde el 27 de julio de 1946, este se convirtió en malagueño de adopción y se quedó para siempre en Málaga. Era conocido como ‘El Macho’ por todos y especialmente en la Costa del Sol, donde durante muchos años fue profesor de tenis. En líneas generales, los fichajes resultaron tan desacertados que hubo que comprar una segunda remesa para reforzar al equipo. En esta ingresó en la nómina el desde entonces más idolatrado de los malaguistas: Pedro Bazán Romero.

Antes desapareció por completo el equipo que había hecho campeón de España de Tercera al Club Deportivo Málaga. La desconexión entre el presidente y el secretario técnico llevó a las páginas deportivas el desencuentro de Francisco Espejo Nevot, presidente, y Pepe Vela Salvá, que fue el primer secretario técnico de la historia del Málaga. Este puso en claro la situación real y acusó al presidente de saltarse a la torera al responsable técnico, Vela, entregándose en manos de Enrique Domínguez, ex directivo del Málaga y a la sazón trabajando para el Atlético de Madrid. En realidad, Domínguez fue el primer agente deportivo de España. En su haber cargaba Pepe Vela el ‘chantaje’ de la incorporación de Machín, que no jugó más que cinco encuentros y fue despedido el 31 de enero de 1947. Las diferencias habidas entre presidente y secretario técnico movilizaron a Juan Sánchez Rueda, que era delegado de la Federación Sur –todavía no era Andaluza– y que fue presidente del Málaga F. C. cuando quince años atrás nació el Malacitano, a cumplir el más difícil de sus cometidos: buscar presidente para el Málaga. El 21 de noviembre de 1946 convenció a Manuel Navarro Nogueroles, inspector de Hacienda, que se convirtió así en el presidente número cinco del Málaga.

La primera medida del nuevo presidente fue la que era habitual en todos los que mediada la temporada se hacían cargo del club: mandar a su casa al entrenador. A Chales lo pasaportaron después de los primeros nueve partidos del campeonato. Había perdido un tercio de ellos, tres, pero no había ganado más que dos. Lo sustituyó Guillermo Campanal, el que fue delantero centro del Sevilla. Aun cuando al mes y siete días Navarro Nogueroles fortaleció el equipo con la incorporación de cinco delanteros (Clemente, Bazán, Roldán, Ubis y Pedrín), en los resultados esto no repercutió. Al final, el Málaga quedó noveno con 23 puntos, tres más que el colista, que fue el Betis. En La Rosaleda solo se perdió un partido, pero como visitante solo se ganó en Alcoy. La tarde más festejada en La Rosaleda fue en la visita del Ferrol, que se llevó cinco goles certificados en el acta del encuentro, firmada por el famoso árbitro Pedro Escartín.

A Bazán se le esperaba. No llegó el hombre-gol que todos sabían que tendría que aparecer. En aquel su primer año, de los cinco fichados el Día de los Santos Inocentes, se quedó el último. Solo suscribió cuatro goles, menos que Clemente y Roldán, y los mismos que Ubis. Poco hubo que esperar para que la dimensión goleadora del ídolo de La Algaba, el hijo y hermano de una famosa dinastía torera, pusiera al servicio de los blanquiazules su mortífero remate.

El año del retorno del titular de La Rosaleda a Segunda fue convulso. Se contó en él con dos presidentes, dos entrenadores, el primer secretario técnico del Málaga y un récord en fichajes, quince jugadores. Nos quedamos a la espera de que apareciera el goleador de la historia (Bazán) y dijimos adiós a Tomasín, el vascoargentino incorporado al Malacitano y que en los Baños del Carmen, cuando las cosas no funcionaban, pedía paciencia a los aficionados moviendo las manos hacia abajo. Él fue el que puso en marcha el Atlético Malagueño después de su retirada.

Algo aprendió el presidente en esta temporada. Supo que cambiar de entrenador en plena competición no era la solución. Y que tan poco el remedio consistía en fichar a muchos jugadores. El trabajo había que realizarlo en su momento, cuando se hacían los equipos, que no era precisamente cuando el campeonato se estaba aproximando a su mitad. Navarro Nogueroles lo dijo constantemente. Había aceptado la presidencia para subir al Málaga a Primera. No sabía el tiempo que tardaría. Y cuando lo consiguiera y el titular se mantuviera en la cumbre, él desaparecería de la escena balompédica. A Navarro Nogueroles le incomodaba mucho que la ‘clase alta’ del fútbol local, con la que apenas contó durante su mandato, lo acusara de «manirroto» por incrementar el pasivo de la entidad. Posiblemente Navarro Nogueroles fue, entre muchos, el primer presidente que pensó aquello de ‘el que venga detrás, que arree’. Había que subir a toda costa. Así es como siempre pensaron los socios, que no querían oír hablar de déficit.

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