Malaga CF

Un paso adelante

De pie, Maciá, Juan Jimeno, Laborda, Tellado, Azcue y Bazán; agachados, Emilio, Comas, Teo, Roldán y Lezama. :: SUR
  • Quedó cuarto empatado con el tercero, pero todo lo eclipsó Bazán, el primer jugador que superó 30 goles en una campaña

Evidentemente se dio un paso adelante. La segunda temporada de Manuel Navarro Nogueroles en la presidencia del Club Deportivo Málaga fue mejor que la primera. Y, al mismo tiempo, el trabajo de Guillermo Campanal, también. La tabla clasificatoria es la que habla de lo que han ganado o perdido los clubes de un año a otro. Su mejoría está marcada siempre por un ascenso en los puestos de la tabla. El Málaga pasó del noveno al cuarto. Mejor dicho, del noveno al tercero, porque solo el ‘goal average’ lo bajó un peldaño. Por delante del conjunto blanquiazul no había más que dos equipos que habían superado los 28 puntos. El casillero clasificatorio de victorias se engordó, y lo mejor era que de ese crecimiento habían sido testigos directos los aficionados que acudían a Martiricos. No ver al titular perder en casa, como sucedió en esta ocasión, era cosa no demasiado habitual en Segunda División.

La causa no era otra que el ataque del Málaga, que funcionaba. Y no precisamente por los nuevos fichajes. En trece partidos en el campo de Martiricos, los pupilos del no muy valorado Campanal sumaron medio centenar. Solo se había incorporado a la plantilla un delantero entre las nueve altas. Era Muruaga, que pasó por el Málaga como tantos otros en demasiadas ocasiones, camino de su casa. Cumplió, indudablemente, el futbolista que tuvo un papel sobresaliente en el Celta y en el Betis. Se contó poco con él, pero dejó huella de su presencia. Había sido siempre un goleador y aquí también cumplió. En once partidos marcó ocho tantos. No es mal promedio. Pero lo que hizo crecer los beneficios goleadores del Málaga no fue otro que Pedro Bazán, que un año antes se había sumado a la lista de profesionales y que no se le vio por parte alguna a la conclusión de su primer año como malaguista. En la temporada 1947-48 sí apareció. En realidad, a nadie le sorprendió. Porque sus incondicionales tenían la seguridad de que llegaría, y los ‘anti’, que tampoco faltaban –hubo muchos del capitán Teo, dotado de unas cualidades que nada tenían que ver con las de Bazán–, nunca llegaron a dudar de que el delantero de La Algaba era un goleador espectacular.

La aparición de Bazán se vivió mucho antes del 1 de enero de 1948, cuando se inició en La Rosaleda la segunda vuelta del campeonato. Antes de aquellos nueve goles que todavía están ahí como récord de un jugador en un partido en competición profesional, se había asomado a lo que en el Málaga nunca antes se había celebrado: superar el tan escasamente encomiado ‘hat-trick’. El primer día en que Bazán, con la elástica malacitana, entonces ya blanquiazul, dijo ‘aquí estoy yo’ marcó cinco goles. Su víctima fue el Badalona en Martiricos, en el segundo partido del campeonato. Perdió el equipo catalán por 8-3 (5 de octubre de 1947). Y él rubricó más de la mitad de aquellos tantos que le dieron al Málaga su primer triunfo del torneo. Bazán era el hito malacitano, el perseguido en el terreno de juego, el supervigilado. El que rápidamente fue entronizado como ídolo llevaba el gol en la sangre, y bastante antes de meterse en el área contraria ya estaba preparado para el remate. Fue siempre de tiro más potente que colocado.

Rápidamente aparecieron los pretendientes. Luis Guijarro pidió precio. Lo hizo para negociar con el Barcelona su traspaso, y para el Atlético de Madrid, que fue el más constante en la puja por el goleador. No se fue. Él no quiso firmar un contrato monstruoso para aquella época. Bazán nunca tuvo la ambición del enriquecimiento balompédico. Y menos si para eso tenía que sacrificar a su media naranja. «Ningún club –me dijo en ese año de su consagración como goleador– puede darme lo que me da Carmen», refiriéndose a la que es hoy su viuda, Carmen Virtudes. Aquel año fue el primero como máximo goleador de la plantilla. En los 28 participados en que intervino marcó 32 goles. Fue de los primeros que en el titular blanquiazul hizo más de un gol por partido. Fue sin duda el año de Bazán, su segundo en las filas del club de Martiricos.

Las incorporaciones fueron nueve, aunque algunas no pasaron de ser testimoniales, porque entraron en las alineaciones que Campanal sometía a la aprobación de un trío de dirigentes, capitaneados por Paco Ramos. Esta determinación –propuesta, claro, por el presidente– se hizo constar hasta en acta. Era una clara determinación de que el ciclo de Campanal había terminado, y para la consecución del objetivo que llevó a Navarro Nogueroles a la presidencia, que era colocar al Málaga por primera vez entre los ‘grandes’, el técnico había demostrado que no servía.

De los quince jugadores incorporados por el presidente estaba claro que Bazán, con diferencia, Sagrado y Laborda sobresalieron. En cambio, dos de las grandes esperanzas de esta temporada se apagaron con ella. Fueron el portero Comas y el defensa Rafa. Ni el uno ni el otro entraron en ningún momento en los planes de Navarro Nogueroles. Rafa estuvo fuera de la plantilla. Se dijo que porque había querido mejorar las condiciones de su contrato. Fue retirado de la titularidad. Se había creído que podría reemplazarlo Maciá, pasando de delantero a defensa. Y en cuanto a Comas, que cuajó un año inmejorable, también se buscaba a otro guardameta que lo relevara en la temporada que le quedaba comprometida con el Málaga. Su problema con el presidente no se hizo público. Sí, en cambio, que su contrato lo cumpliría en el filial, el Atlético Malagueño, cuando este fuera creado. Este año, la primera formación del que fue a la postre el cuarto clasificado de Segunda la formaron Comas, Juan Jimeno, Maciá, Laborda, Sagrado, Félix, Azcue, Bazán, Roldán, Teo y González Ruiz. A los siete meses, cuando acabó el torneo de la regularidad, seguían ocupando la titularidad el trío defensivo, Comas, Juan Jimeno y Maciá, junto a los medios Félix, Sagrado y Lezama, y en el quinteto de la delantera figuraban Azcue, Bazán, Ubis, Teo y Emilio.

El 15 de octubre de 1947 Navarro Nogueroles remodeló su junta directiva. Los vicepresidentes fueron Isidoro Navarro Navas y Joaquín García Ramírez de Arellano, y como directivos aparecieron García Grana, Rafael Olmedo, Mariano Vergara, Pepe López Cabello (primer presidente del Atlético Malagueño) y el primer periodista que formó parte de una junta de nuestro primer club, el inolvidable compañero redactor de SUR Santiago Souvirón. La meta que se pretendía, la división de ‘oro’, hubo que aplazarla, pero por poco tiempo. Los puestos que daban acceso a ella quedaban bastante más cerca. Las esperanzas crecían. Y la afición, también.

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