Malaga CF

A la tercera fue la vencida

De pie, Carbelo, Robles, Teo, González, Laborda, Maciá y Bellido; agachados, Esteban Alba (masajista), Azcue, Bazán, Manolo Jimeno, Gamonal y Cabrera. :: SUR
  • ¡Por fin en Primera División! El Málaga de Urquiri solo perdió seis partidos y fue el que menos goles encajó

El refrán se cumplió. A la tercera fue la vencida. Se veía venir y llegó. El Málaga buscaba con ansiedad la Primera División. No se dudaba de que había afición para ello. Y si era evidente que faltaba dinero para invertirlo, Manuel Navarro Nogueroles no tuvo dudas de que en la división de los ‘grandes’ el club llegaría a ser uno de ellos. En dos temporadas, no se ignoraba que las deudas se habían incrementado. Eso era lo que los viejos aficionados, y viejos dirigentes también, denunciaban en la gestión del presidente que trajo a Bazán y que nunca ocultó que su sueño era colocar al frente del equipo al legendario Ricardo Zamora. Sus objetivos estaban claros: llegar a Primera como primer paso para que Zamora no pudiera rechazar la proposición. Ycomo tercero, dejar al equipo en la élite para regresar a sus actividades, que ya no se limitaban a su destacado puesto en la Delegación de Hacienda, porque se había iniciado en las actividades comerciales.

Que Guillermo Campanal había acabado su etapa estuvo claro desde que en junta directiva se acordó supervisar su labor, especialmente en la constitución del equipo para cada domingo. Había que empezar por encontrar al entrenador idóneo para el salto a la cúspide. Precisamente, el año anterior alcanzó especial notoriedad un técnico que había dado sus primeros pasos en los banquillos junto a Ricardo Zamora. En el Atlético de Madrid había estado de segundo del ‘divino calvo’ Luis Urquiri, que en ese equipo había colgado las botas. Este y el Alavés fueron los únicos equipos en que había jugado en Primera. Nacido en Deva (Guipúzcoa), cuando el Málaga lo contrató solo había dirigido al Hércules. Eso sí, antes de venir las cosas le fueron tan bien como en la temporada en que salió del equipo de La Rosaleda.

Aquí llegó de ascender a Primera al Deportivo de La Coruña y, cuando Navarro Nogueroles lo despidió con la falsa alegación de sus exigencias económicas, se fue al Zaragoza para lograr su tercer ascenso consecutivo a la categoría de honor. Fue el segundo gran acierto del presidente (el primero, incuestionablemente, resultó el fichaje de Bazán) y buscó relevo a los dos jugadores con los que tuvo problemas, el portero Comas y el defensa Rafa. Contrató para jugar bajo los palos a López, y como defensa, al más insultado en La Rosaleda en todos los tiempos: González, el «criminal defensa» del Granada –como decían los aficionados entonces–, que tardó poco en convertirse en «el pundonoroso González». Obvio es que el zaguero no cambió su línea de juego. Pero lo que antes hacía a beneficio del Granada ahora repercutía a favor del Málaga. El tercero en la lista de los refuerzos para Urquiri al comienzo de la Liga fue Elzo, un veteranísimo que había pasado por las filas de Madrid y Valencia, entre otros, y que ayudó en el ascenso del Coruña.

Como al comienzo del campeonato, la Real Sociedad, por obras en Atocha, pidió jugar en La Rosaleda, el Málaga disputó los tres primeros encuentros en casa. Aquello supuso no solo sumar los seis puntos, sino el regocijo de los aficionados que se decían: «Ahora sí, ahora sí que nos vamos a Primera». Porque además el Málaga había elevado al marcador 17 goles: ocho al Murcia, tres a la Real Sociedad y seis al Badalona. Siete tenían la misma rúbrica, la de Bazán. La primera de las seis derrotas fue en noviembre, en Los Cármenes (1-0). El mes de Todos los Santos puso algunas sombras en el futuro. Además de la derrota en Granada, el equipo perdió en Gijón y en Alicante.

Los otros diez encuentros de la primera vuelta aportaron puntos a la clasificación. No podía ser de otra forma porque en los trece partidos fueron 43 los goles malacitanos. Una media superior a tres por encuentro. Había razones para sentirse satisfecho. Lo estaban todos, menos el que mandaba. Y la decisión del presidente no fue otra que buscar otros dos delanteros. Consiguió del Madrid la cesión del canario Cabrera y compró, para poner la guinda, a Manolo Jimeno, delantero centro. Debutaron en el último encuentro de la primera vuelta y en el primero de la segunda. A Jimeno se le presentó en un amistoso contra el Melilla. Lo sobresaliente del partido fue la presencia detrás de las porterías de un fotógrafo inesperado para ‘cazar’ las jugadas del nuevo malaguista. Se llamaba Manuel Navarro Nogueroles y no era otro que el presidente del Málaga. Ni antes ni después, un presidente se dedicó a recoger testimonio de las buenas cosas que hiciera el recién fichado.

Cada domingo en Martiricos se olía más a Primera División. Pero la amenaza estaba en las visitas del Granada, el Gijón y el Hércules, que soñaban con el ascenso. Cualquier punto que el Málaga se dejara ante ellos podría significar la pérdida de su candidatura. Los problemas quisieron poner trabas en la triunfal marcha. Se lesionó López, el portero que hizo historia porque fue el primero que jugó fuera de los tres palos. Lo bautizaron como el ‘portero volante’. Al Granada se le vapuleó en Martiricos (5-0), quedándose con la ventaja, que sería decisiva, del ‘goal average’. Ante el Gijón aumentó la adversidad. Bazán se quedó en las gradas por lesión. La Rosaleda temblaba, porque resultaba inconcebible un Málaga sin Bazán. Gamonal lo reemplazó, y por 3-0 se ganó el partido, aunque por lesión se perdió a Bellido. Y en el último partido en casa, frente al Hércules, Cabrera, en los últimos minutos, puso en el marcador el 1-0. Hubo invasión del campo... y los que saltamos tuvimos que correr delante de las fuerzas del orden público.

A la última jornada, el Domingo de Resurrección, llegaron empatados la Real Sociedad, el Málaga y el Granada, con 33 puntos por equipo. De los tres, el único que viajaba era el once de Urquiri. El Ferrol era el último clasificado. El Málaga estuvo desde el Martes Santo por tierras gallegas. Al final, 1-5 para el Málaga. Era el tan anhelado primer ascenso. El equipo había disfrutado de un buen año. Había aprovechado el arma del ‘goal average’, que lo colocó segundo. El Granada quedó en la sala de espera. López, el portero volante, fue el mejor cancerbero de Segunda, y el Málaga, el que menos encuentros perdió, seis. Bazán volvió a acreditar su fama de goleador. A más de uno por partido, terminó la tercera de sus temporadas en el Málaga con 26 tantos en 25 encuentros. Sus pretendientes aumentaban. Pero él seguía diciendo que no a las ofertas de traspaso.

Manuel Navarro Nogueroles, a los ocho años de vida del Málaga, lo había conseguido. Había que agrandar La Rosaleda, que se había quedado pequeña con el equipo en Primera División. Eso era lo principal. Lo demás –rumores fundamentados sobre el arreglo del partido en el ‘Inferniño’ ferrolano– no contaba para nada. El presidente había puesto en la plaza de Uncibay, en la secretaría, un empleado que era al que traspasaba todos los problemas. Se llamaba Piqueras, y a cualquiera que le presentaba una queja lo remitía a Piqueras. Nadie sabe cómo sobrevivió a la primera temporada más grandiosa de la historia del Málaga.

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