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Malaga CF

El prodigioso crecimiento de Mikel

Mikel trata de sacar el balón jugado el domingo ante Luciano.
Mikel trata de sacar el balón jugado el domingo ante Luciano. / Ñito Salas
  • Su madurez, su temple y su capacidad de trabajo lo han llevado en cuatro años del béisbol a la élite

  • Desde que llegó al filial demostró que rara veces pierde la compostura, que tiene un enorme afán de superación y que es muy constante

Su nombre empezó a circular por el inmenso mundo de Internet a mediados de junio del año pasado. Estaba a un paso de incorporarse al Valladolid y la sorpresa fue mayúscula en la capital del Pisuerga cuando diez días después este periódico anunció su fichaje por el Atlético Malagueño. «Es muy extraño; ha preferido irse a Tercera en vez de jugar en Segunda», apuntaron desde la capital castellanoleonesa. Tal vez esa decisión sea un claro reflejo de la mentalidad que posee Mikel Villanueva, el zaguero venezolano que el domingo pareció un veterano ante el Leganés. Es cierto que no es un joven canterano al uso, porque ya tiene 23 años, pero precisamente la madurez es una de sus virtudes.

En aquella información publicada por SUR el 24 de junio de 2015 ya se especificaba la peculiaridad de Mikel. Apenas tres años antes aún no jugaba al fútbol, sino al béisbol, en las posiciones de ‘short stop’ y ‘pitcher’. Por lo tanto, se trata de un caso muy extraño. A veces sucede que un deportista comienza a practicar una disciplina con 15 o 16 años, pero no con casi 19. Y menos aún, claro está, que en tan corto periodo se asiente a un cierto nivel. Su explosión ha sido extraordinariamente tardía.

En la agenda del Athletic

Los que han convivido con Mikel estos casi 16 meses destacan por encima de todo una virtud: su temple. Raras veces se le ve perder la compostura. Ni en los peores ni en los mejores momentos. Esa cabeza fría tiene muchísimo que ver con su impresionante progresión en apenas cuatro años y fue un excelente contrapeso la pasada temporada en un filial plagado de jugadores más jóvenes. El anterior director deportivo, Husillos, apostó por él al ser zurdo, comunitario, muy alto (1,90) e incluso ‘fichable’ por el Athletic (José María Amorrortu lo tenía en su agenda). Ytodo, pese a que se le había visto como lateral y no convencía. Pero se pensó que podía funcionar como central, el puesto que realmente le gusta al venezolano.

Mikel se decidió a dar el salto a Europa con todas las de la ley. Para él no se trata de una aventura, sino de una apuesta personal, fundamental para su futuro. De ahí su seriedad en el trabajo, su profesionalidad e incluso cierto recelo a que el buen ambiente se convierta en más bromas de la cuenta. La prueba más evidente se observa en su día a día. El defensa venezolano no vino solo a España, sino que decidió que lo acompañara un hermano de menor edad. Es decir, en la práctica ejerce también como tutor, lo que incrementa su responsabilidad también fuera de los terrenos de juego. Otra muestra más de su madurez

Es evidente que si en cuatro años ha pasado del béisbol a pelear por una plaza en la élite –aunque en la selección de su país ya haya tenido varias actuaciones– también en el seno del club se mostraban convencidos de que con el paso de los meses también iba a crecer para convencer al entrenador, en este caso Juande Ramos. En marzo, cuando el club decidió ejercer la opción para quedarse con Mikel (que incluía tres temporadas con el primer equipo), ya se habló con el anterior técnico, Javi Gracia, de que era una apuesta de la entidad. Luego se dejaba en manos del navarro que tomara la decisión definitiva y, en caso de que no lo convenciera, se abriría en agosto la puerta a una cesión de un conjunto de Segunda. Algunos ya se habían interesado por él en la recta final de la pasada temporada.

Mikel, que en la ‘vinotinto’ ha jugado casi siempre como lateral, pasó el corte en la pretemporada. Recién llegado al primer equipo (la pasada campaña solo se ejercitó con este ya entrada la recta final), aplicó un ‘ver, oír y callar’. No es un chico al que le guste sacar pecho o ir de ‘sobrado’, sino al contrario. Su objetivo era fijarse al máximo en un futbolista para aprender todos los días: Weligton. Zurdo como él, considera al brasileño el mejor referente. Desde luego, de salida ya los unía algo: ‘Weli’ prefirió venir al Málaga, en Segunda, en vez de competir en la primera categoría de otros paises y siempre ha dicho que es mejor «dar un paso atrás para dar dos hacia adelante». El venezolano se inclinó por recalar en el filial en vez de jugar en Segunda.

Adaptación rápida

Igual que el año pasado se adaptó pronto a los compañeros, al entrenador, al entorno o a la forma de trabajar (Ruano tuvo mucho que ver en que dejara de jugar tanto en largo) , ahora le ha sucedido en el primer equipo. En sus dos primeras actuaciones apenas ha cometido faltas (como Brescia) y ha perdido muy pocas veces el balón, ha mostrado una óptima salida del balón y ante el Leganés hasta parecía más baqueteado que Koné. Es un futbolista constante y que no se complica la vida, de ahí que en situaciones apuradas decidió golpear en largo sin arriesgar lo más mínimo. A balón parado también se observaron en ataque algunos movimientos bien compenetrados con Camacho.

Probablemente muchos piensen que este salto al primer plano pueda pasarle factura –como se suele decir, «que se lo crea»–, pero sería realmente extraño. Mikel es muy trabajador, analítico, autocrítico y poco dado a dejarse llevar por el elogio. En ese aspecto es un prodigio, lo que explica por qué en cuatro años ha pasado de jugar al béisbol a ser un defensa con un extraordinario futuro a nivel de club y con un presente ya claro en la selección venezolana.